OPINIÓN / NARCIO ÁLVAREZ QUINTANA

«Se lo habían dicho claramente, te vamos a matar»

Las tiranías sangrientas no suministran pruebas de sus desmanes

Que la muerte anunciada de Osvaldo Payá no devenga plataforma para más silencio sobre la situación cubana; que los hombres dignos de este mundo no callen por precaución o miedo; que no se sigan repitiendo hasta la saciedad los crímenes del castrismo; que los mercaderes sin escrúpulo no continúen ayudando a verter la sangre de los cubanos y los beneficios económicos de las compañías foráneas no acallen más las voces de denuncia de los hombres que buscan libertad de la isla esclava.

Este «primer mundo’, repetidamente equivocado frente a los nazis, los comunistas y el Islam, debiera acabar de despertar y tomar el sendero recto frente a los jenízaros de la nueva hora. El silencio siempre es cómplice cuando de justicia se trata. Como enemigos del género humano, siempre tratan de ganar tiempo para seguir controlando y destruyendo un país y sus sueños de prosperidad y libertad.

El señor Cayo Lara, jefe de Izquierda Unida en España,  ha intentado banalizar por todos los medios la muerte de un gran hombre, además de negar el respeto debido a su memoria —Cayo Lara, sobre Payá: «Un fallecido más en la carretera»–.

Junto a Payá murió otro hombre valiente: el disidente Harold Cepero. No disponemos de información sobre su vida y su quehacer que nos permita un comentario, pero honramos igualmente su memoria como victima de una feroz dictadura. Hay dos extranjeros heridos: el joven español Ángel Carromero y el sueco Jens Aron Modig. Haber sido testigos de los hechos los coloca en una situación muy peligrosa. Esperemos que sus respectivos países puedan protegerlos.

Nadie tenga la desvergüenza de solicitar pruebas. Las tiranías sangrientas no suministran pruebas de sus desmanes, para que las victimas, en el caso de sobrevivir, no puedan esgrimirlas ante la opinión pública, con lo que abren el camino a los ‘bienpensantes’ y a los canallas para que sugieran o declaren que mienten. Porque los que, por profesar una ideología, encubren los horrores perpetrados por quienes sustentan su poder en ella, obran canallescamente y sus palabras producen asco. Ninguna ideología debería cegar a sus simpatizantes hasta el punto de solidarizarse con los actos más crueles e inhumanos.

El acoso a Oswaldo Payá y a su familia ha sido constante: hordas de energúmenos pagados por el régimen han intentado todo en su contra: romper las puertas de su casa, agredirlo a él y a su familia, insultar, apedrear. La Seguridad del Estado lo ha detenido con el fin de doblegarlo y silenciarlo. Hace pocas semanas un coche de dicho tenebroso organismo estuvo acosándolo, a punto de provocar un accidente —Regis Iglesias: «El 12 de junio otro coche sa abalanzó sobre el automóvil en el que Oswaldo Payá viajaba con su mujer–. Fue amenazado. Su hermano residente en España lo ha resumido muy bien: «»Se lo habían dicho claramente, te vamos a matar.»

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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