El pacifista Barack llevo a EE.UU a más guerras

Las portadas de El País le hacen gratis a Obama su propaganda electoral

Rosa Montero: "Los desahucios son [...] insensatos. Tanto dolor para obtener tan poco y no somos capaces de cambiarlo".

Es casi una ‘Pietà’. Obama, con el alargado rostro ligeramente inclinado en un gesto de profunda empatía, cerrados los ojos ante el dolor, abraza con delicada fuerza a una mujer llorosa de cierta edad, víctima del huracán ‘Sandy’, que sin duda encuentra alivio y consuelo en el abrazo presidencial. Lea a El Trasgo en La Gaceta.

Es la foto de primera de ‘El País’, que no tiene inconveniente en regalar al progresista presidente norteamericano todos los carteles electorales que necesite.

Da igual que no haya cumplido una sola de las promesas que le llevaron a la Casa Blanca, que lejos de acabar con las guerras de Bush haya iniciado otras nuevas o que la situación económica sea alarmante: Obama es el presidente que está con el pueblo -fotógrafo mediante- cuando llega la catástrofe a una semana de las elecciones.

Y ese gesto define a la izquierda porque eso es lo que ahora vende, el sentimiento, a falta de razones.

PROPIETARIOS E INSENSATECES

Lo define por mí, aunque con referencias y fines muy distintos, Almudena Grandes en ‘El País‘ en una columna titulada, precisamente, «Sentimientos«: «(…) los sentimientos me parecen respetables, porque forman parte de la naturaleza humana. Pero eso es una cosa y otra, muy distinta, la manipulación sentimental de las bajas pasiones -también humanas, pero nada respetables- con el fin de obtener ventajas espurias».

Puede ser un huracán lo que dé pie al gesto. Pueden ser, no sé, los desahucios. Son una reivindicación recurrente. En «Insensatez«, su columna en ‘El País’, Rosa Montero nos asegura que «los desahucios no sólo son feroces y abusivos, sino también insensatos. Tanto dolor para obtener tan poco y no somos capaces de cambiarlo».

Es, sin duda, una tragedia que haya tantos españoles que, incapaces de pagar la hipoteca que suscribieron en su día, tengan ahora que renunciar a su casa. Pero, en puridad, no es un huracán lo que les ha dejado en tan dramática situación. Uno quiere pensar que fueron agentes libres, personas adultas las que contrataron esas hipotecas, con el riesgo que conlleva toda operación de este tipo.

Pero ya dijimos el otro día que la idea de libertad produce urticaria a la izquierda.

Supongamos que llegamos a la conclusión de que los desahucios son «insensatos» y, como aseguran que han hecho varios policías, nos negamos a aplicarlos. ¿Cuáles serían las consecuencias?

Para empezar, los legítimos propietarios no tendrían acceso a su propiedad. Montero dice que de ella los propietarios -los bancos, en este caso- «obtienen poco». No sé exactamente cómo ha hecho el cálculo. La cartera de impagos hipotecarios es lo que tiene a los bancos a la cuarta pregunta, y aunque queda muy bien despotricar de los bancos y desearles lo peor, hay que recordar que es donde casi todos nosotros tenemos el dinero, y que si mañana vamos a retirarlo y nos dicen que no queda, vamos a estar pidiendo al Gobierno que lo rescate mañana mismo.

CÓMO EVITAR LA RUINA

Bien, pero es que hay más. Habría personas con espantosos sacrificios a sus espaldas para pagar una hipoteca y mantener la casa junto a otras que serían propietarios sin pagar un euro. ¿Alguien duda de que empezarían a proliferar los segundos, que la gente dejaría de pagar si no hay desahucios?

La ruina de los bancos sería inmediata y, aun rescatados, lo primero que harían sería restringir unos créditos que en pocos casos esperarían cobrar, porque tirar el dinero no es exactamente la base de ningún negocio.

Sin actividad crediticia no hay actividad económica, el paro se multiplicaría y todos seríamos indeciblemente más pobres.

¿No hay otra manera de evitarlo? Sí, la que nunca se le ocurre a los izquierdistas: en lugar de mandar escuadras de indignados que eviten un desahucio un día, abrir una cuestación para pagar esas hipotecas. Con el dinero de esos cuyo corazón sangra al contemplar los desahucios. Los 13 millones que cobra el consejero delegado del grupo propietario de ese periódico que clama contra los desahucios daría para mucho, y tampoco creo que el inmobiliario Roures vaya descalzo. Ahí les dejo la propuesta, mis sentimentales amigos. ¿Hace?

INTENCIONES Y CONSECUENCIAS

Pero la izquierda no puede entender en modo alguno que las mejores intenciones pueden -y suelen- tener consecuencias no deseadas aunque perfectamente previsibles, igual que no consiguen comprender que pueda acabarse el dinero. «La palabra que define la actuación de este Gobierno es inequidad: desigualdad social, que tiene su expresión en el manejo de los desahucios», escribe Maruja Torres. «Hay otra palabra que también se ajusta al comportamiento oficial, y que se parece mucho a la anterior: iniquidad. Por ejemplo, presupuesto cero para la Ley de la Memoria Histórica frente a la renovación del marquesado a los Queipo de Llano».

Mientras estamos con algo tan grave como los desahucios, pretender que se destinen fondos que no hay para una ley revanchista, partidista e innecesaria sólo puede calificarse de frivolidad.

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Autor

Elena Bellver

Redactora de contenido web & Seo, Copywriter & Community Manager. Es la redactora de las recetas de cocina de Periodista Digital.

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