El último Pleno del Congreso de los Diputados del año comenzó con la comparecencia, a petición propia, del Presidente del Gobierno para informar sobre las dos últimas sesiones del Consejo Europeo: la extraordinaria del mes de noviembre, que tuvo lugar en Bruselas los días 22 y 23; y la ordinaria del mes siguiente, que se celebró en el mismo lugar los días 13 y 14 de diciembre.
La ocasión, que parecía apropiada para que los grupos de la Cámara Baja hicieran un repaso a las realidades española y europea y mostraran sus visiones de futuro, tenía un interés añadido: conocer si el primer partido de la oposición iba a ser capaz de ofrecer una alternativa razonada, distinta a la del PP y coherente con las ideas y formas de un partido que otrora tuvo afanes e intereses de gobierno.
La postura de Rajoy fue la esperada: Las cosas en Europa van avanzando, no tan bien como querríamos, pero bien, razonablemente bien.
Y sin embargo, Europa se mueve
Diría el Presidente recordando la frase de otra de sus comparecencias para informar de la realidad europea.
En suma, señorías, Europa toma las decisiones necesarias para avanzar en la dirección correcta. En enero únicamente podía hablarse de disciplina fiscal. Once meses más tarde, en diciembre, se habla ya de alcanzar una unión bancaria, fiscal y política; y se están dando los primeros pasos para desarrollar una verdadera Unión Económica y Monetaria.
Por parte del PSOE, tomó la palabra Alfredo Pérez Rubalcaba que, tras un comienzo vacilante y con más envoltura que sustancia, decidió endurecer el verbo con una frase rotunda:
Tenemos un gigantesco lío.
A los que le oíamos, que esperábamos un diagnóstico sobre la realidad europea y unas ideas con las que desarrollar unas propuestas socialistas útiles para todos, nos surgió una duda gruesa que nos preocupó: ¿el secretario general del primer partido de la oposición se refiere a todos nosotros, a los españoles que estamos en Europa haciendo lo que podemos, a su grupo parlamentario, o sólo a una parte de los diputados que ocupan la bancada socialista?
Afortunadamente, después de los diecinueve minutos que utilizó en su turno de palabra, la tranquilidad volvió a flotar por el Salón de Plenos del Congreso. El gigantesco lío al que se refería no era un lío europeo, no nos envolvía a todos y ni siquiera afectaba a todos los socialistas. Sólo era el «lío de Rubalcaba».
«Una más de las cosas de fray Ruby» – diría alguien en la Tribuna de Prensa fijándose en algunos de los ceños fruncidos de sus compañeros de militancia y en el aspecto frailuno y algo místico del orador, que movía las manos sobre el atril como si estuviera envolviendo algo.
Y es que el supuesto embrollo sólo aparecía en unas ideas expuestas de forma tan poco clara que había que poner los seis sentidos con los que, si sumamos el sentido común, contamos los humanos para tratar de entrar en ellas y ver por dónde se podía desenmarañar el fardel de barullos e ideas:
Para compensar la parquedad de los Presupuestos Generales del Estado se apelaba a un aumento de los recursos europeos. Para equilibrar una supuesta cesión de soberanía nacional a Europa se acudía a «coordinar el Parlamento Español con el Europeo» (ata esa mosca por el rabo). Para compensar unos supuestos paraísos fiscales europeos se proponía evitar el impuesto con «coste cero» dándole capacidad impositiva a las autonomías, más capacidad impositiva aún.
Y así un conjunto de ideas, marañosas y a veces grandilocuentes, en las que se mezclaba todo: la demagogia simple con la mentira preparada, lo social con lo socialista, la herencia pasada con la futura, la salida del galo Sarkozy con la llegada de su paisano Hollande, la gestión privada de los hospitales con la privatización de la sanidad, y, por si fuera poco, ocultando la realidad de los votos socialistas unidos a los vascos de Amaiur, que se conocería un momento después, cuando ya Rubalcaba había bajado de la tribuna.
Cuando terminó, se acabó el lío y tranquilidad total. Le siguió Durán y Lleida, que anda mal el hombre y que no mereció la atención de otras veces, hasta sus compañeros de partido parecían ausentes.
Y Cayo Lara, que se movía por la onda reivindicativa de sus reivindicaciones varias, algo desintonizadas con Europa.
Después Rosa Díez, que empezó comedida, como siempre, pero que fue descomidiéndose, también como siempre, a medida que pasaban los minutos.
Y Aitor Esteban, el nuevo portavoz vasco del PNV que toma el relevo del magnífico Erkoreka y que utilizó la metáfora del juego del mus para advertir que no hay mus, que hay que jugar, o hacer cosas, sin decir si se ha decidido a advertir que no hay mus entre los suyos y que va a llevar la voz cantante del grupo vasco que, dicen, ya llevaba desde hace tiempo, aunque en sordina.
Después todos los oradores del Grupo Mixto, y la réplica, y las duplicas, y el final de la comparecencia de un Presidente del Gobierno que se sometió a lo que seguía: las preguntas propias de la Sesión de Control al Gobierno.
En una de esas preguntas, que hacía el líder de la Oposición ya bien entrada la mañana para conocer si el bienestar de los españoles iba a mejorar con la política económico-social del PP, pareció como si en el hemiciclo se terminara de desenredar «el lío de Rubalcaba».
Fueron cincuenta segundos, casi un minuto. Los que usaron los populares para afirmarse en las convicciones propias y otorgar el mayor aplauso de la legislatura a la respuesta a una pregunta de dos minutos y medio:
No tiene autoridad moral ninguna para decir lo que ha dicho hoy aquí, ninguna.
Le dijo Rajoy a Rubalcaba.
En la calle y en silencio, bajo la lluvia meona de la mañana, Benavides y Malospelos se miraron de reojo y, sin decirlo, compartieron el deseo común: Felices Pascuas para todos, sin líos navideños y con un Próspero Año Nuevo.

