Opinión / España graffiti

Fofito: el último “payaso de la tele” y los chorizos

Ha cogido una conocida firma nacional de embutidos y le ha encargado a un payaso la delicada misión de subir la moral de los españoles. Servidor, a sus escasas luces, creía que ese tipo de fábricas sólo podían contribuir a subirnos el colesterol y la cosa. Pero ha tenido que llegar un departamento de Responsabilidad Social Corporativa del sector para demostrarnos que también pueden intentar contribuir a subirnos el ánimo.

Han bajado del desván a Fofito, ya digo, lo han liberado de las telarañas del olvido y han montado una campaña para abrirle a los españoles el apetito de orgullo del pasado y esperanza de futuro, como una sutil acción de marketing para rescatarnos de la crisis y llevarnos directamente a las secciones de charcutería de los grandes almacenes.

El anuncio simula una especie de gobierno en la sombra, con Fofito de Presidente, Chus Lampreave de Soraya, Santiago Segura de Ministro de Fomento, Quique San Francisco de Secretario General para el Deporte, Iñaki Gabilondo en Asuntos Sociales, Luis del Olmo de adorno (como una versión masculina de Fátima Bañez), y David Ferrer, y Chiquito, y los Morancos, todos ellos dispuestos a hacer, a pelo, lo que no han sido capaces de hacer ministros de esos con cartera y coches oficiales: cantarle las cuarenta al FMI, a los mercados, a las agencias de calificación, a Buselas, a la Merkel. En vez de ponerles la otra mejilla, como hizo ZP y está haciendo Mariano Rajoy, han preparado un minucioso currículo de España y se lo han enviado a Europa, al mundo, con una implícita expresión disuasoria genuinamente cañí:
-¿Saben ustedes con quién están hablando…?
 
¡Esto es el mundo al revés, señores! Ahora resulta que las empresas de embutidos exponen al público nuestros Premios Nobel, nuestros Oscar de Hollywood, nuestros Cervantes, nuestra Roja, nuestra ilustre fregona, nuestros superávit en donación de órganos, nuestra grandeza, y los Partidos Políticos, la Banca, los Sindicatos, la Patronal, la Casa Real, las instituciones públicas, mantienen en sus escaparates a los chorizos y todas las miserias que los rodean.

Deben estar las amas y los amos de casa hechos un lío, oye, desde que empezó a emitirse el anuncio de Fofito. Mismamente, no es por molestar, pero a mí me envió mi señora el otro día a comprar chorizos para un lacón con grelos y, de repente, me vi en la encrucijada de elegir entre la calle Génova y la calle Ferraz para hacer la compra. Luego, de vuelta a casa, entré en una charcutería y le pedí a un dependiente alucinado las obras completas de Cela de la editorial Campofrío.

Es lo que tiene la publicidad genuinamente española. Es ingeniosa, aunque casi siempre acaba siendo engañosa. En aquella célebre campaña de 2008, no sé si te acuerdas, con Bosé, Serrat, Sabina, La Velasco, Almodovar, Boris Izaguirre, Ana Belén, Jesús Vazquez y cía intentando convencernos para «Defender la alegría», al final querían vendernos a ZP. Ahora, con Fofito intentando subirnos el ego, sólo pretenden vender embutidos, que viene siendo algo parecido.

Los creativos españoles es que han inventado talmente la «viagra» publicitaria. Primero te la levantan, la moral, naturalmente, y en cuanto pasa su efecto sorpresa vuelves a la cruda realidad de la impotencia. Incluso a José Saramago, que defendía la tesis de que un optimista era un pesimista mal informado, a pesar de su edad y su experiencia, se le subió la libido con el poema de Mario Benedetti y la música de Serrat y se puso como loco a defender la alegría y el optimismo junto a un horror de personas que la historia demostró que estaban muy desinformadas. Que conste que lo advertía el propio poeta en uno de los versos: «defender la alegría también de la alegría». O sea, de la funesta posibilidad de la victoria de Zapatero.

Pero bueno, a lo que íbamos. Que algo está cambiando en España con los primeros pasos del 2013. Tras tantos siglos padeciendo a los políticos como problema, empezamos a prescindir de ellos como solución. Los únicos Bancos de los que nos fiamos son los del parque de al lado de casa. La Roja está hibernada, a Nadal le falla la rodilla más que al rey la cadera, el «coche oficial» de Fernando Alonso nos tiene con la mosca detrás de la oreja, como los coches oficiales del Parque Movil del Estado y la Comunidades Autónomas, y no podemos pedirle auxilio a los intelectuales, porque lo mismo te montan otro numerito de pesimismo, como aquel de la Generación del 98 que marcó nuestra historia.

Al final, hemos tenido que echar mano del hijo de Fofo. Nos hemos cansado de una televisión de payasos y payasadas, no me tires de la lengua, y hemos recuperado a los genuinos payasos de la tele. Hemos bajado del desván aquel circo que alegraba siempre el corazón, tras un par de décadas soportando un circo llamado España que ha estado amargándonos la vida, y vuelve a sonar la mítica frase que ha resonado en los oídos de tantas generaciones de españoles:

-¡Cómo están ustedeeeees…!

 Sólo que, ahora, no me atrevo a reproducir lo que responde el respetable público.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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