Las sacudidas del extesorero han puesto a la secretaria general en el centro de todas las miradas

‘Operación Congreso’: los críticos de Cospedal conspiran para destronarla

El 'caso Bárcenas' es una ocasión para pescar en el río revuelto

El puzle no estaría completo sin fijar la mirada en el vicesecretario de Política Autonómica y Local, Javier Arenas, cuyos seguidores quieren la revancha del resultado del XVII Congreso de Sevilla

La nota aparece este 4 de marzo de 2013 en Elsemanaldigital, diario online que dirige su autor.

Y dadas las fuentes de Antonio Martín Beaumont, cuyo conocimiento de lo que ocurre en la sede popular de la madrileña calle Génova y en los entresijos del PP está por encima del de cualquier otro periodista capitalino, algunos deberían no echar en saco roto su análisis:

María Dolores de Cospedal nunca se ha asustado ante las adversidades. Es de esos políticos que se vienen arriba donde otros se acobardan.

El estallido del Caso Bárcenas ha empalidecido el espaldarazo que recibió de Mariano Rajoy a finales de 2012:

«Eres la mejor secretaria general que podía tener este partido».

De pronto, como un terremoto, el ex tesorero ha puesto en estado de ingravidez el paso de Cospedal en Génova. La imagen del PP como modelo de siglas limpias e insobornables está comprometida.

Cospedal sólo tiene una responsabilidad en la escandalera: la gestión de la misma. El Partido Popular, y por extensión el Gobierno de Mariano Rajoy, está al pairo de los acontecimientos.

Peor aún, al albur de los golpes de Luis Bárcenas. Su estrategia de kickboxing tiene al PP dando tumbos sobre la lona. Las raíces de la crisis son cada vez más visibles.

Desde las mayores, que tienen que ver con el obsceno enriquecimiento de Bárcenas y las derivadas en torno a sus papeles, hasta las de menor cuantía, como el supuesto finiquito diferido que la número dos trató de dulcificar metiéndose en medio de un laberinto.

La avalancha de críticas de los mandatarios populares llueve sobre la séptima planta de Génova 13. En el Grupo Parlamentario Popular se palpa el enfado ante la incapacidad de su partido como airbag de un Ejecutivo temeroso de que Bárcenas continúe contaminando toda su acción.

La preocupación en las mismas dependencias de La Moncloa es evidente. También justificada. La exigencia del juez Pablo Ruz a la policía para que coteje nombres, fechas y cantidades para meter las fotocopias de Luis Bárcenas dentro del entramado Gürtel se suma al desmadre existente.

Por eso, algunas voces postulan ya como salida moverle la silla a María Dolores de Cospedal. Los movimientos internos van destinados a buscar su adiós a la Secretaría General en un Congreso extraordinario del partido, así como una renovación de la Dirección nacional.

La idea de un cónclave no equivale a celebrarlo de inmediato. Sus instigadores apuestan por hacerlo con naturalidad entre las elecciones europeas de 2014 y las autonómicas de 2015.

La expectativa está ya creada en torno a la figura de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, aunque sin contar por ahora con su adhesión.

Pero el puzle no estaría completo sin fijar la mirada en el vicesecretario de Política Autonómica y Local, Javier Arenas, cuyos seguidores quieren la revancha del resultado del XVII Congreso de Sevilla.

La realidad es que Cospedal salió de la capital andaluza con todo el poder del PP en sus manos. Su mando siempre ha levantado recelos en sectores del partido, los mismos que critican que Mariano Rajoy delegase totalmente en ella cuando sus responsabilidades en la Junta de Castilla-La Mancha debían ser suficiente aviso de que no podría entregarse por completo a la Secretaría General.

La guardia de corps de Arenas, herida entonces por su relegamiento, aún tiene fresco el lamento de su jefe ante Rajoy:

«Me la trago, Mariano, pero no me jodas más… ¡que estamos en Sevilla!».

Sin duda un Congreso extraordinario podría servir a Javier Arenas para deshacer el terreno ganado por María Dolores de Cospedal y recuperar poder y protagonismo en una remozada Dirección popular.

Pero lo cierto es que, hasta que llegue ese momento, si llega, lo que espera a los populares son tiempos de intranquilidad interna.

 

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