ESPAÑA GRAFFITI / Javier González Méndez

El safari fotográfico contra Feijóo: ¿medios de comunicación o cotos privados de caza?

Los políticos españoles buscan "El dorado" electoral entre el chapapote mediático

¡Menuda perra cogió la otra semana el personal con las dichosas fotos de Feijóo! Nunca unas imágenes, aquellos documentos gráficos que in illo témpore valían mil palabras, ¿recuerdas?, se habían devaluado tanto como para valer ahora mil gilipolleces. Debe ser la crisis, oye, que empezó vaciando de euros nuestros bolsillos y empieza a vaciar de neuronas nuestras cabezas.

Con un barco, el Prestige, el país progresista (con comillas y sin ellas) consiguió hundir al insumergible Manuel Fraga, que era el Titanic galaico de los conservadores. Y ahora, erre que erre, ha querido repetir la jugada con Nuñez Feijóo y un barquito de papel «mojado», posado desde hace 19 años en el fondo del océano de la información, que han reflotado en las primeras páginas de los periódicos, en las tertulias, en los artículos de opinión, en los post de acerados blogueros, para contaminar las playas de la opinión publicada y la opinión pública con una nueva e innovadora modalidad de chapapote.

Una pregunta crucial para Galicia y España…

Escribo estas líneas en vísperas de que Feijóo, motu propio, responda este miércoles a sus señorías galaicas, los Beiras, los Jorqueras, los Pachis a esa pregunta tan crucial para el presente y el futuro de Galicia y España: ¿qué hacía un chico como tú, hace 19 años, en la cubierta de un barco como ése? En cuanto despejemos ese enigma, el empleo, la recuperación económica, el equilibrio presupuestario, la vacuna contra desahucios, preferentes, ERES y cosas así, va a ser coser y cantar.

Por eso sus señorías galaicas, en su sabiduría y su afán de servicio a los gallegos y los españoles, han puesto tanto énfasis en el pasado y siguen aplazando sine die el futuro. La cuestión en Galicia, en Andalucía, en Cataluña, en todos los rincones de España, es hurgar en los polvos Populares, Socialistas, Nacionalistas, para intentar demostrar de dónde y por culpa de quién vienen estos lodos. El problema es que no acabamos de entender que, lo que se ha hecho, sobre todo si desprende el mínimo olor a podrido, hay que encomendárselo al Poder Judicial.

O sea, menos tirar la piedra y esconder la mano en los medios de comunicación, menos teatro en los parlamentos y más demandas en los juzgados. Hablando en plata: ¡menos lobos, Jorquera, menos ínfulas de Torquemada, Beiras, más huevos, Pachi! No acabamos de asimilar que el Poder Ejecutivo debe centrarse en los que se está haciendo y lo que se debe hacer, y que al Poder Legislativo le corresponde vigilar, perfeccionar y cambiar las reglas de juego de una sociedad democrática. Si es que somos demócratas, claro. Si es que lo son nuestros políticos. Si todo esto que hemos construido en los últimos 35 años no es sólo un decorado de cartón piedra.

El síndrome del El Dorado electoral

Tras varios días contemplando a políticos, periodistas, predicadores televisivos en plena fiebre del oro informativo, este asunto de las fotos de Feijóo, tantos asuntos sucesivos que no permiten ver el bosque frondoso y escalofriante por el que se está internando España, esa frágil caperucita de Europa, le pone a uno los pelos de punta.

Estos chicos, nuestros políticos, es que padecen talmente el síndrome de Francisco de Orellana, lo que yo te diga. Sólo que el célebre explorador se perdió en el Amazonas poseído por la codicia del oro, y estos nuevos exploradores de ahora, las Cospedales, los Rubalcaba, los Cayo, los Floriano, las Valenciano, los Llamazares, se están desvaneciendo en la historia poseídos por la codicia de los votos.

Se pasan las legislaturas buscando desesperadamente un «Dorado» electoral, y mira por donde, de tanto ir el cántaro a la fuente, se han encontrado con el Dorado de un tal Marcial que, a mis escasas luces, es un espejismo que lleva rolando hace años por mesas de despachos de policías, de jueces y de directores de periódico.

Hubo un tiempo en el que el progresismo y el conservadurismo español no practicaban la pesca clandestina de votos. ¡Aquel momento sublime de nuestra historia en el que Felipe González se hizo con el poder, con todo el poder, a pecho ideológico descubierto, con su pana y su chupa, ante un pueblo convencido de que su viejo, cansado y torturado país necesitaba una higiénica pasada por la izquierda! Hasta lo del Gal, los Fondos Reservados, Roldan y la cosa, a la mayoría del personal ni se le pasaba por la cabeza cambiar a su nuevo Sagasta por un nuevo Cánovas.

El problema es que hemos pasado de la hermosa foto documento, como aquella del Palace en la que Isidoro y Alfonso hacían la señal de la victoria ante Dios, los chicos de la prensa y la historia, a esta marea negra de fotos basura, de chapapote informativo conservado entre telarañas en las hemerotecas, de consumo de imágenes que hace décadas que sobrepasaron su fecha de caducidad, sin el mínimo reparo de periodistas, lectores y políticos a convertirlas en armas de destrucción personal masiva.

Sobre todo, desde que descubrieron el eficaz jueguecito electoral de «hundir la flota», dejando al PP tocado con el Prestige, a Quintana con el yate de Jacinto Rey, a la Corona con el Bribón, es que cotiza más en bolsa la foto de un dirigente pillado en alta mar que la de una famosa en cubierta, tomando el sol en topless. Y eso que todavía no se han encontrado las fotos de Felipe, viento en popa a toda máquina, surcando las aguas en el barco de Luís García Cereceda, aquel discreto megaconstructor que en paz descanse.

¿Medios de comunicación o cotos privados de caza?

¡Hagan de una puñetera vez política, coño! Con «p» mayúscula. Sin buscar atajos electoralistas ni encomendarse a la izquierdona y la derochana mediáticas de este país, tan «pesebronas» ellas, tan mercenarias, que se creen tan listas y en realidad son mu tontas, mu tontas, que diría José Mota. Un pueblo que le echó en cara a su Rey que fuese de safari a Botsuana, resulta que mira ahora hacia otro lado mientras sus dirigentes políticos se pasan una semana de safari fotográfico en los platós de televisión, en los estudios de radio y en los medios escrito.

¿Estamos de coña? Que tire la primera piedra el españolito que, en su fuero interno, no esté pensando que nuestros políticos deberían revisar sus programas, refrescar sus ideas y apuntalar sus ideologías. Que no puede seguir este dantesco espectáculo de la «Escopeta nacional» en los cotos privados de caza de los medios de comunicación. Nunca, como en esta encrucijada histórica en la que nos encontramos, ha venido más a cuento ese viejo y sabio proverbio español, dicho sea sin ánimo de ofender la memoria de ZP: zapatero a tus zapatos, jueces a vuestra justicia, periodistas a la información y políticos a la política.

Teoría del efecto boomerang fotográfico

Es que, chico, a este paso, el problema no va a ser que un Feijóo tenga que dar explicaciones ante el Parlamento por una descolorida foto junto a un presunto contrabandista, sino que un Marcial Dorado, en un inesperado alarde de vergüenza, se vea en la obligación de darle explicaciones a sus hijos por una polvorienta foto junto a un presunto político, juez, periodista, parlamentario, ministro, Honorable President, sindicalista, banquero, empresario, policía, miembro de la Casa Real, etc.

O sea, que en este país se produzca un efecto boomerang fotográfico, a ver si me entiendes, y empiece a ser muy difícil distinguir quiénes son las malas compañías. ¿Os lo tomáis a broma…? Veras: se empieza practicando el contrabando de café, de tabaco, de ideas, de ideologías, de libelos, de papeles de Bárcenas, de sobres, de influencias, de grabaciones, de fotos, de secretos de sumario, de información privilegiada, bla, bla, bla…y se acaba como se acaba. ¡No me tires de la lengua!

 

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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