Duelo en la cúpula del PP y dudas en Génova 13

Lucha a cara de perro entre Cospedal y Arenas y el dilema de Rajoy

La disyuntiva a la que se enfrenta irremisiblemente el presidente del Gobierno es muy complicada

Lucha a cara de perro entre Cospedal y Arenas y el dilema de Rajoy
Arenas y Cospedal. EFE

Contestar a la pregunta de a quién quieres más, si a mamá o a papá, siempre es complicado, pero esta vez aún lo es más por el poder interno que ambos atesoran

Si algo no tiene Vicente Martínez Pujalte son pelos en la lengua. Menos todavía desde que decidió afeitarse su antiguo mostacho a lo mejicano.

Su frase de esta semana: «El PP está en condiciones de afrontar una renovación» ha sido un éxito mediático.

De cualquier modo ha hecho suyas las letrillas que recorren de boca en boca la familia popular.

¿Cómo Mariano Rajoy, después de reconocer haberse equivocado con Luis Bárcenas al conocerse que su ex tesorero mantenía un fortunón en paraísos fiscales, va a seguir como si nada hubiera pasado?

¿Cómo la dirección nacional del partido va a mantenerse como hasta ahora después de ser público y notorio que su secretaria general, María Dolores de Cospedal, exige una limpia a fondo en el PP de todo lo que huele a Bárcenas, empezando por su vicesecretario general, Javier Arenas?

Y así están las cosas: con el partido que ganó las elecciones por mayoría absoluta no hace todavía dos años atascado y mirando de refilón cualquier gesto de su líder al que dar algún significado. ¿Habrá renovación?

Realmente, el nudo gordiano al que se enfrenta Rajoy no es sencillo de desenredar. El affaire Bárcenas le tiene muy atado.

Tampoco el presidente del PP es tan arrojado como Alejandro Magno, quien decidía en un instante que «tanto monta cortar como desatar».

Si siempre es difícil contestar a la pregunta de a quién quieres más, si a papá o a mamá, esta vez todavía tiene mayor complicación decidirse entre quien te permitió seguir de líder en 2008 o quien te aportó la imagen de renovación y modernidad que te dio la victoria en 2011.

Es decir, entre Arenas y Cospedal. Por no entrar a valorar que en el momento judicial en que se encuentra el caso Bárcenas, el dedo elector del presidente podría dejar a los pies de los caballos, al menos ante la opinión pública, a algunos de sus colaboradores más cercanos y queridos estos años.

Pero, no pesan esta vez en la decisión de Mariano Rajoy sólo las razones anímicas, además deberá valorar la fuerza de cada uno dentro de su formación.

Porque si María Dolores de Cospedal es la secretaria general y presidenta de Castilla-La Mancha, Javier Arenas ha ido colocando desde hace años personas de su entera confianza en todos los escalones del partido y en diferentes polos de poder institucional, incluido el Gobierno.

«Ambos tienen mucho mando», señalan fuentes genovesas.

Ello, claro, sin poner también en la balanza que las ilustres cabezas que desea cortar el «cospedalismo» en distintos ámbitos son las de compañeros de generación y de andanzas políticas de Rajoy.

Junto a las de «un puñado grande» de instalados hace años en Génova 13, en los segundos y terceros escalones y entre el «personal de infantería«, con enorme complicidad con el ex tesorero.

El próximo 31 de agosto, en el castillo de Soutomaior (Pontevedra), Rajoy hará su primera aparición pública tras el descanso veraniego.

Más de 1.000 militantes y cargos de su partido estarán presentes. Todos atentos a lo que hable u omita, e incluso a desentrañar cada uno de los gestos del presidente.

Que no en vano a Mariano Rajoy, al fin y al cabo gallego y militante del PP de Galicia, le gusta lo de la semiótica y la interpretación de los signos.

 

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