SALTA LA PREGUNTA DE CUÁNDO LA PENA POR UN CRIMEN ES SUFICIENTE

El pago por los crímenes horrendos

Las excarcelaciones de algunos criminales han resultado un latigazo inesperado y molesto

El pago por los crímenes horrendos

Estábamos, casi todos, mucho más tranquilos con esas individualidades fuera de la circulación, a buen recaudo...

Se supone que una revelación, un descubrimiento, una aparición en escena, son acontecimientos generalmente positivos y felices. No ha sido el caso de los etarras y restantes criminales que han salido recientemente, o aún están saliendo, de su estancia en prisión, después de veinte o veintitantos años de cumplimiento de pena.

De antemano, al muy mencionado etarra Henry Parot se le deben algunas magníficas propinas que esos desalmados han añadido a una condena que, ahora, a casi todos, se nos hacen demasiado cortas. Y mira que permanecer quince, veinte, veinticinco años en prisión en cada uno de los casos, son condenas graves y pesadas. Cada uno podemos ponernos en el lugar del criminal finalmente dejado en libertad, o situarnos, en nuestra imaginación, con esos pesadísimos plazos de cumplimiento de sentencia en distintas prisiones del país.

Pero, a la hora de contemplar el beneficio de los criminales, y en muchos casos el recibimiento social que han tenido a su regreso a la sociedad, nos han entrado escalofríos. Por una sencilla razón: quien ha matado o violado a una, dos, diez, quince personas. ¿no podría volver a hacerlo? Porque lo que no hemos escuchado en estos días, o muy escasamente, es el compromiso de no recaer, de no regresar a repetir los crímenes por los que ya se han pagado sentencias que el Consejo de Estrasburgo entiende que han sido suficientes. ¿Cuándo la pena por un crimen es suficiente? Lo determinan las sentencias de los jueces, y por ello no se arrojan al mar las llaves que han custodiado las rejas de la cincuentena de s delincuentes cuya reaparición en escena hemos visto estos días. De repente, recordar que han terminado con su tiempo de privación de libertad individuos como los asesinos de Anabel Segura, de Olga Sangrador, de un niño de dos años…, nos ha sobrecogido.

LATIGAZO

Ha resultado un latigazo inesperado y molesto. Estábamos, casi todos, mucho más tranquilos con esas individualidades fuera de la circulación, a buen recaudo, alejados de la sociedad a la que, en su día, hicieron un pavoroso roto. Se nos había olvidado que esos individuos existían, pensábamos que pudieran haber muerto hace tiempo en medio del olvido que merecieron. Pero no. Vivían. Estaban detrás de las rejas, comían a cargo de los presupuestos del Estado, les crecía la barba o las uñas, tenían familiares que les felicitaban las navidades y los cumpleaños. Y que ahora, no dudan en recibir gozosamente a quienes la mayor parte de los conciudadanos hubiéramos preferido que siguieran, según la pretensión del ministro Gallardón, en prisión perpetua, permanente, posiblemente incondicional y sempiterna.

Por lo menos, hasta que se tenga noticia de su arrepentimiento y tengamos la certeza de que no, volverán a repetir crímenes como los que ya cometieron, y por los que se supone que han pagado.

O tal vez pensamos no se paga nunca el precio de un crimen horrendo…

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