BENAVIDES Y MALOSPELOS EN LAS CORTES

Ana Botella en el Club Siglo XXI: una ocasión perdida

Se esperaba conocer si Ana Botella es sólo la esposa de José María Aznar o si representa una realidad esplendorosa

Ana Botella en el Club Siglo XXI: una ocasión perdida
Ana Botella en el Club Siglo XXI. Ayuntamiento de Madrid.

Ana Botella leyó el discursó con los matices (también los deslices) que le son propios

A la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, le brindaron este 2 de diciembre de 2013, la oportunidad de usar la Tribuna del Club Siglo XXI en el ciclo de Conferencias «Nuevos tiempos de Reformas».

Siguiendo lo que ya parece una costumbre con los alcaldes de la Villa y Corte, el Club que preside Eduardo Zaplana, atento a la proximidad del segundo aniversario de la señora Botella en la alcaldía, había citado a sus socios y simpatizantes para escuchar a la alcaldesa.

Con el salón lleno, ocupado por 524 personas, varias cámaras de televisión tomando imágenes y una legión de periodistas, antes de comenzar el acto, algunos (prensa y controladores del PP) pasaron revista a la lista de asistentes. Había que conocer si el aparato del partido «arropaba» a la alcaldesa o, como en el caso de su marido al presentar su último libro, se la dejaba en soledad.

El resultado del escrutinio, con alguna ausencia no muy clamorosa, alguien lo definió con una frase pícara: «Aquí sólo están los que deben estar para que la cosa no esté mal.

Con alguna excepción, están todos los que son pero no son todos los que están»: 2 ministros (Ana Mato y Ruiz Gallardón), 6 ex ministros (Matutes, Zaplana, Romay Beccaría, Arenas, Acebes, Tocino), el presidente de la Comunidad Ignacio González y algunos de los que ocupan sillón mezclados con los llamados «aznaristas» (Fernández-Lasquetty, Figar, Cobo, Dancausa, De Lucas, Echaniz, Astarloa, Pablo Casado, Cayetana Álvarez de Toledo, etc.)

Antes de empezar el acto, los servicios municipales distribuyeron entre la prensa el discurso que se iba a leer. Un vistazo al mismo reveló que no se iba a aprovechar la ocasión para estar en consonancia con el título del ciclo (Nuevos tiempos de Reformas), tampoco para dar motivos de ilusión a una militancia popular y a un electorado madrileño que apetece de líderes que se enfrenten al futuro con propuestas realistas capaces de generar confianza.

Por el contrario, parecía que el texto escrito sólo se iba a ceñir a la más que trillada práctica de contar, incluso recontar, lo hecho por los populares en el Ayuntamiento de Madrid, a abrumar al auditorio con unos datos que apenas si merecerían la atención, y, en último lugar, a desgranar unas farragosas propuestas de futuro, mezcladas, o salpimentadas (sal de la crítica ácida y el pimiento de comentarios próximos a la insidia), con algunas manifestaciones en busca de lo que se ha dado en llamar «la sana crítica interna», que en el mundo de la política se entienden como «venenosos ataques al aparato del partido para conocimiento de todo el mundo, daño de los oponentes y beneficio de los propios».

Era importante el contenido del mismo, pero también, y puede que incluso más relevante, se esperaba conocer, además de a los «arropadores de nómina o vocación» si Ana Botella es sólo la esposa de José María Aznar, colocada en la alcaldía de Madrid en sustitución de Ruiz Gallardón. O si, en la actualidad de la vida municipal madrileña, representa, por sí misma, una realidad esplendorosa capaz de componer un equipo con el que ilusionar a los electores madrileños y dirigir el futuro de la capital de España.

LAS TRES CARACTERÍSTICAS DE BOTELLA SEGÚN ZAPLANA

En la presentación, Zaplana definió a la oradora como una militante popular con tres características personales importantes: Compromiso político, coherencia personal y lealtad.

Llegada la hora de la disertación, Ana Botella leyó el discursó con los matices (también los deslices) que le son propios. Sin variar el texto y con una entonación que le es característica, se mostró ante todos como es.

Ya lo había dicho Zaplana: Una mujer comprometida con la ideología liberal conservadora de los populares, coherente con una forma de ser, vivir y actuar dentro del sector al que pertenece; y leal a todos: partido, familia, amigos, grupo.

Llegados al final del acto, poco más. Del ambiente se borraron las cifras y los datos farragosos del discurso; también las propuestas recitadas con más empeño que ilusión y menos confianza que constancia. Sólo flotaban por el aire algunas de las frases y expresiones que serían recogidas, según y cómo (y por quién) con intenciones distintas:

Unos recogerían que el «discurso de la alcaldesa retumbó dentro de los despachos de Génova…», que quiso hacer llegar al Partido Popular el sentir de sus bases advirtiendo que…existen dudas que hay que disipar» y que «…puso en alerta a todo el PP, incluso al propio Rajoy, ausente de la conferencia, de que algo no están haciendo bien para que los votantes se revuelvan».

También que la «alcaldesa ha admitido que en el PP se han generado algunos pasivos que oscurecen el valor objetivo de su gestión y que empiezan a dejar un rastro significativo en la opinión pública».

«Cunde una sensación de desamparo, inseguridad e injusticia que es necesario disipar cuanto antes, haciendo cuanto las leyes permitan y haciendo que las leyes permitan cuánto sea necesario para proteger la convivencia y libertad»

Otros se ocuparían de las propuestas «…de castigar las conductas re-probables, es decir, la corrupción…, hacer frente también al secesionismo catalán y a la derogación de la doctrina Parot» para evitar una fragmentación significativa de la base electoral del PP, abogando incluso, por cambiar leyes»

Y alguno más se haría eco de un final buscado con la intención de con-seguir la empatía aprovechando el patriotismo: «…la recuperación económica es sólo parte, aunque parte importante, del proyecto del PP.

Pero todo (deuda, educación y pensiones) carece de sentido si no es en el marco de la continuidad de la nación española. Yo confío en mi partido y en los españoles y creo que juntos, si acertamos a disipar las dudas que hoy existen sobre nuestro proyecto político, podremos culminar la tarea de devolver a la ciudad y al país a un camino de progreso del que nunca debimos apartarnos».

UNA ANÉCDOTA A LA SALIDA

Ya en la salida, una anécdota que, además de llamativa y singular, pone de manifiesto cuál fue el sentido de la conferencia y quiénes habían ido a oírla. En un grupo, tres personas destacadas, y nada parecidas, daban manos, saludaban y compartían conversación y opiniones entre ellos: el juez Alfonso Guevara (que juzga y que parecía cansado, quizá por la hora), el restaurador Arturo Fernández (que es locuaz y alimenta a cualquier hora sin grandes especialidades) y el productor Enrique Cornejo (que entretiene con sus funciones teatrales normalmente en sus horas de espectáculos).

A la mañana siguiente, aunque los medios de comunicación se hicieron eco de la comparecencia de Ana Botella en el Club Siglo XXI, la noticia pasó entre todos con las características propias del trío de la anécdota: Unos la juzgaban con apariencia de cansados, otros la consumían a la par que el desayuno. Y el resto, los más, la consideraban, o soslayaban, como un espectáculo o entretenimiento de los que se degustan, o padecen, en la Villa y Corte.

Que pudo, e incluso debió, dejar de ser un espectáculo social, hecho en el Club Siglo XXI con atención de la prensa, si Ana Botella hubiera aprovechado el momento y la ocasión para, con una disertación y actitud distintas, tratar de convertirse en el paladín popular aspirante al bastón de la próxima alcaldía madrileña.

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