El Ala Este de la Casa PP

La decadencia y las peleas del PP en Madrid, mientras acampa a las puertas el Movimiento Ciudadano

En el Ayuntamiento de la capital, con Ana Botella, el PP se quedaría en 20 concejales y la mayoría absoluta son 29

La decadencia y las peleas del PP en Madrid, mientras acampa a las puertas el Movimiento Ciudadano
Ana Botella. EP

El miedo a perder la región y la capital tras 20 años ha desequilibrado al PP, que busca y no encuentra candidato capaz de evitarlo

Se escuchan tambores de división en el centro derecha español. La cuestionada alcaldesa de Madrid, Ana Botella, se refería a ello hace unos días en el Club Siglo XXI, auspiciada por Eduardo Zaplana.

Que Santiago Abascal abandone el PP, por más que desde Génova 13 se haya presentado como «simple anécdota», escenifica un enfado que, sin ser nuevo, ni tampoco mayoritario, encuentra ahora el caldo de cultivo propicio por la incomodidad de una parte de la militancia popular.

Y digo que no es nuevo porque las grietas se abrieron con la derrota electoral sufrida en marzo de 2008.

El posterior Congreso Nacional del partido, celebrado en Valencia, el del asentamiento del marianismo, fue incapaz de cerrar esas grietas. Aunque los subsiguientes y triunfales paseos electorales de 2009 a 2011 las disfrazaron, dándoles una poderosa mano de pintura.

Pero, seguían ahí: disimuladas. En cuanto las cosas han vuelto a caer cruz para Rajoy, han reaparecido.

Nombres de insignes dirigentes del Partido Popular surgen estos días en los mentideros como críticos de la línea oficial marcada por Mariano Rajoy desde La Moncloa.

De momento, salvo Esperanza Aguirre, presidenta de los populares de Madrid, los pocos que han dado la cara son ex dirigentes del PP o dirigentes –en retirada– sin ningún poder territorial. Poca cosa para preocupar a la ortodoxia partidista.

¿Asistimos a la reedición del choque entre las dos almas que cohabitan en la familia popular a la hora de hacer política? ¿Los duros frente a los moderados? ¿Halcones contra palomas?

En definitiva: ¿marianismo versus aznarismo en un partido que abarca desde lo que no es izquierda hasta la derecha nacional democrática?

Seguramente algo de esto hay, claro. Aunque en una formación política que lleva tantos años haciendo renovaciones por adición, las filias y fobias personales pesan mucho a la hora de trazar fronteras a favor y en contra.

Con todo, no creo sea tan preocupante en este momento ese fantasmal sector crítico del PP que de vez en vez hace sonar sus cadenas. Porque jamás ha sido capaz de quitarse la sábana de encima para que se le pueda poner cara y cuantificarlo.

Más preocupante es el peligro exterior. Me refiero, sobre todo, al Movimiento Ciudadano encarnado por Albert Rivera, que puede ser en el futuro el auténtico cilicio del marianismo.

Sobre todo cuando barones y lideresas regionales y caudillos locales empiecen a marcar distancias con el Consejo de Ministros para mostrarse a los electores con voz y personalidad propia.

Una buena parte del electorado popular, desorientado tras dos años muy convulsos, está instalado en la abstención. Los sondeos señalan que el recuerdo de haber votado al PP disminuye a marchas forzadas. Mal compañero de viaje político.

No obstante, la abstención, hasta ahora, era el único espacio al que podían escapar los votantes desilusionados con el Gobierno de Rajoy. Puesto que el salto hasta apoyar al PSOE es casi al vacío.

O mirar hacia UPyD, para un simpatizante del PP, no es cómodo por la propia figura de Rosa Díez y su pasado socialista.

Sin embargo, ¡ojo!, el peligro Rivera es otra cosa. Porque incluso para el afiliado del Partido Popular es un puerto político de acogida al que tiene fácil acceso.

Albert Rivera es percibido entre los populares como un dirigente «de los míos». Aunque sin alforjas que le hagan pesado el viaje y de las que tenga que avergonzarse y obligue a votarle con la nariz tapada.

Así que el paso hacia el Partido de la Ciudadanía no le produce rupturas intelectuales.

Insisto: todo un cilicio para el marianismo, que María Dolores de Cospedal quiso aplacar en su día haciendo que se le ofreciese dirigir el PP de Cataluña.

 

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