La jugada de la que dependen las subvenciones

El equipo de Méndez maquinó un pacto descabellado con CCOO

Uno de los temores más extendidos en la sede sindical de Hortaleza pasa por perder a chorros representantes sindicales en las empresas

El equipo de Méndez maquinó un pacto descabellado con CCOO
Toxo (CCOO) y Méndez (UGT). EFE

Lo de Cándido Méndez es como echarse a dormir sin quitarse unos esquíes. Querer ejercer una defensa de la clase trabajadora bajo la permanente sombra de la corrupción, no tiene explicación.

Tanto es así que el secretario general de UGT trató esta misma semana, ya que se había marchado hasta Bruselas, de seguir huyendo de la prensa. Sus declaraciones, negándose a tirar la toalla salvo «si en un momento determinado» supone una carga para la organización, fueron obtenidas -lo sé bien- a la salida de un cuarto de baño y porque le fue imposible dar esquinazo a los periodistas.

Si las últimas semanas han sido muy malas para el escaso prestigio sindical, las que vendrán van a ser todo un calvario para Méndez.

Así, la paciencia de su entorno empieza a agotarse. Por más que hayan utilizado una variada gama de soluciones imaginativas en busca de pasar página. Pero los escándalos de los ERE irregulares o de las facturas falsas no se pueden disimular.

La aplicación de la teoría del «cortafuegos» con la salida de Francisco Fernández Sevilla de los mandos de la marca en Andalucía se ha revelado claramente fallida.

Uno de los temores más extendidos en la sede de sindical de Hortaleza pasa por perder a chorros representantes sindicales en las empresas. La labor de cualquier central sindical es conseguir delegados para sus siglas. Para la UGT, tal como están las cosas, esto hoy es misión imposible.

Pero, de obtener el mayor número posible de delegados en centros de trabajo dependen las subvenciones de cada año del Ministerio de Empleo. Además de ser sindicato más representativo y de acceder a órganos de control de instituciones. Visto lo que hay, a nadie sorprendería que UGT se lleve un enorme disgusto en el próximo reparto del pastel.

Me consta por un periodista -gran conocedor de los entresijos sindicales- que el entorno de Cándido Méndez estos últimos días ha barajado incluso una posible «fusión» con la CCOO de Ignacio Fernández Toxo. Lógico. De perdidos al río. Por más que resulte curioso ese afán por buscar la salvación agarrado a Comisiones Obreras.

Porque si UGT tiene el agua al cuello, no puede ser otro sindicato -¿adversario?- quien le saque las castañas del fuego. Salvo que se siga abundando en la creencia de que aquí lo que hay en realidad es un solo sindicato, dividido en dos, correa de transmisión de los partidos de izquierda.

Lo que sí resulta inaudito -y muy difícil de explicar- es la pasividad que Méndez ha mostrado ante las muchas anomalías registradas en las cuentas de sus siglas. No puede tirar balones fuera. Es una responsabilidad que le incumbe plenamente, aunque sea por omisión.

¿Cuánto pueden tardar ciertos prohombres de la UGT en dejar caer a su secretario general? No mucho, ya se verá.

Con todo, ya es hora de echar un vistazo a la gestión de toda la Unión General de Trabajadores. Hay que poner a cada uno en su lugar. Empezando, claro, por Cándido Méndez.

 

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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