BENAVIDES Y MALOSPELOS EN LAS CORTES

Yolanda Barcina en el Ritz y una chincheta clavada en Navarra

La presidenta de Navarra y del partido Unión del Pueblo Navarro no eludió la preocupación navarra por "la deriva separatista de Cataluña"

Yolanda Barcina en el Ritz y una chincheta clavada en Navarra
Yolanda Barcina, Presidenta del Gobierno de Navarra. EFE

Barcina advertió que Navarra ha luchado a lo largo de siglos de historia por defender y mantener su identidad claramente definida y ha tenido luchar en dos frentes contradictorios

La presidenta de Navarra y del partido Unión del Pueblo Navarro (UPN), Yolanda Barcina, fue la protagonista del último de los desayunos del Hotel Ritz de Madrid que organiza Nueva Economía Fórum.

La presentó el maño Manuel Pizarro, que buscó en sus propios orígenes aragoneses y en la historia de Albarracín un símil adecuado para mostrar lo que es la independencia útil de unos enclaves, como la villa turolense y Navarra, encargados de unir territorios sin perder la identidad propia en un mosaico grande hecho con teselas de varios colores.

Barcina, siguiendo a Pizarro, dibujó la realidad y la identidad navarra con algunas pinceladas:

«Una tierra que desde la discreción y la solidaridad con el resto de España siempre ha desempeñado un papel fundamental en la historia de nuestro país…, en una complicada coyuntura política que obliga al Gobierno a desarrollar su tarea en situación de minoría parlamentaria y con los presupuestos prorrogados por segundo año consecutivo… Hemos adelgazado sustancialmente nuestra administración con el fin de hacerla menos gravosa para el ciudadano y más eficiente… Con una serie de fortalezas estructurales que le dan consistencia».

Después se ocupó de la preocupación navarra por «la deriva separatista de Cataluña, una senda perjudicial para todos los habitantes de España… una deriva separatista a la que, no lo duden, se sumará el nacionalismo vasco en cuanto considere el momento propicio. Un momento, tampoco lo duden, que los nacionalistas vascos considerarán propicio si consiguieran hacerse con el poder en Navarra. No olvidemos que Navarra es la piedra angular del proyecto político totalitario de ETA y de la Izquierda Abertzale».

Para acabar, antes de las preguntas de la prensa, recordó las tesis del fundador de UPN, Jesús Aizpún, al advertir que Navarra ha luchado a lo largo de siglos de historia por defender y mantener su identidad claramente definida y ha tenido luchar en dos frentes contradictorios:

– Por un lado, contra una cierta presión centralista que, con notable desconocimiento de la realidad jurídica y sociológica, considera el estatus particular de Navarra como un privilegio que hay que desbancar.

– Y, por otro, contra una presión nacionalista que pretende la desaparición de la Comunidad Foral de Navarra para su integración en la Comunidad Vasca como paso previo a la exigencia de su separación respecto a España.

Estas tesis le sirvieron como base para asentar sus conclusiones finales:

«… para Navarra el disponer de un régimen singular es la forma de integrarse en España a diferencia de quienes apelan a su particular estatus político como pretexto para separarse de España. El Sistema foral de Navarra se basa en la plena y convencida aceptación de su integración en España y la participación de todos los ciudadanos de Navarra en el sostenimiento y progreso común de la Nación española.

En el centro del salón, compartiendo mesa, escuchaban a la presidenta de Navarra el Ministro del Interior (que es catalán), Carlos Solchaga (un socialista navarro que fue ministro de Economía y Hacienda del Gobierno de España), y algún parlamentario más. Todos escuchaban serios, casi en silencio, conteniendo los gestos y con cara de póker.

Al terminar, ya en el gélido Paseo del Prado, mientras rumiaba lo dicho por Miguel Pizarro y Yolanda Barcina, a mí me dio por recordar el mapa de la Península Ibérica que hay en un panel en el cuarto infantil de mi nieto. En él, las Comunidades Autónomas, de colores y como en el mosaico del que hablaba Pizarro, aparecen nítidas y brillantes. Sobre el panel de corcho, el mapa de España está seguro y fijado a la pared por dos chinchetas radiantes que lo mantienen estable desde las Comunidades Autónomas del norte. Una de ellas está justo en el límite de las comunidades asturiana y cántabra. La otra chincheta, que sostiene a España, está clavada en Navarra.

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