Los detalles no son importantes en este momento

Reformas y obras mayores: A propósito de C´s y UPyD

En 1978, construimos un edificio entre muchas personas, para vivir todos en paz y armonía. Como el edificio era muy grande, encomendamos su cuidado a unos gestores, gestores que a lo largo del tiempo iban cambiando, aunque la gestoría con la que contratábamos era misma, sin percatarnos de ello.

Estos gestores no hicieron las convenientes obras de mantenimiento del edificio, así como tampoco las reformas que los nuevos tiempos aconsejaban, y en los últimos años, al edificio que construimos se le ve caduco.

A nada que escarbemos, cualquiera es capaz de percatarse de que muchas vigas están infestadas de las termitas de la corrupción. La fontanería que lleva el cauce de los votos, (la ley electoral), que al principio se puso como una buena solución, ha demostrado que el material del que estaba hecha no soporta el paso del tiempo.

El cuadro eléctrico del edificio, (la estructura económica), no ha superado las adaptaciones a las nuevas fuentes de energía, otras tensiones, más potencias, etc.

Por si todo esto fuera poco, lo que en un principio parecía una cooperativa de vecinos que buscaban el bien común, se ha convertido en una jaula de grillos donde cada cooperativista, (CCAA), busca únicamente lo suyo, sin contar con los demás.

Algunos vecinos, cada vez más, pensamos que hay que cambiar de gestoría, porque no nos ha hecho un buen mantenimiento, y hace falta una empresa que sea capaz de llegar a todos estos puntos y ponerlos totalmente al día, arreglando todo lo que está mal, y no poniendo parches a una situación complicada.

Otros vecinos, tal vez porque su tubería da peor olor, o porque su instalación eléctrica ya les ha dado algún susto en forma de cortocircuito y conato de incendio, son un poco más radicales, y piensan que lo mejor es derribar el edificio entero y construirlo de nuevo.
Ante esta perspectiva, unos y otros nos hemos puesto a buscar empresas que nos solucionen el problema de una u otra manera.

Así, los más radicales han contactado con una empresa que nos ha prometido derribar el edificio en su conjunto y, como el templo de Jerusalén, reconstruirlo en tres días, mucho mejor y más bonito.

Lo que no me convence es que por más que les hemos pedido presupuesto a esa empresa no termina de dárnoslo, solo dice que «Barato, barato«. Pues si es tan barato, que nos lo exponga, negro sobre blanco.

Por otro lado, hemos encontrado dos empresas, ambas con más sentido común, y que se han dado cuenta de dos cosas muy importantes.

Primero, no es necesario derribar el edificio, puesto que a pesar de sus carencias, ha demostrado ser muy fuerte, pues los cimientos son sólidos y bien afianzados, y resulta que no todas las vigas están carcomidas, solo algunas, con lo cual se pueden cambiar y a otra cosa.

Segundo, ambas empresas son conscientes, aunque tal vez no lo reconozcan de puertas afuera, de que son aún muy pequeñas para emprender las tareas de reformas encomendadas.

Ante esta eventualidad, se les ha sugerido la opción de que se produzca una UTE, (Unión Temporal de Empresas), para ver si entre las dos son capaces de acometer estas importantes reformas.

Al parecer, desde una de las empresas no ponen grandes reparos a dicha UTE, sin embargo, desde la dirección de la otra empresa no lo ven tan claro. Piensan que las maneras de trabajar diferentes no permitirían una buena obra.

Pero resulta que la principal diferencia es que mientras los de una empresa prefieren pintar paredes lisas, los de la otra prefieren el gotelé.

Y así las cosas, yo creo que la pintura no es tan importante en estos momentos, porque al final, si no arreglamos las vigas carcomidas, la fontanería y el cuadro eléctrico, resulta que la pintura no nos va a durar nada.

Así que pienso que es mejor una UTE para las grandes reformas, y luego, cuando esté arreglado todo, saquemos a concurso la pintura, que se presenten por separado y ya decidiremos si preferimos una manera u otra de pintar.

A lo mejor resulta que entonces preferimos el estucado. Vamos, digo yo, porque si no va a ser que habrá que derribar el edificio entero, volverlo a levantar, confiar en la otra empresa, y que nos cobren lo que sea.

 

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