LO VIO VENIR

Rajoy frustró in extremis la traca de despedida que Gallardón preparó

Aunque su relación nunca fue estrecha, el presidente admiraba del ya ex ministro el peso, capacidad y carisma de un político "pata negra"

Rajoy frustró in extremis la traca de despedida que Gallardón preparó
Gallardón

El ministro de Justicia llevó el órdago hasta el final y no tenía ni «grandes», ni «pares», ni «juego». La última amenaza de Alberto Ruiz Gallardón nada menos que al presidente del Gobierno y al presidente de su partido consistió en decirle que no pensaba esperar más para anunciar su dimisión. Que lo iba hacer en la sesión de control al Gobierno en el Congreso del miércoles 24 de septiembre y que la decisión era firme.

La última conversación entre ambos se produjo a primera hora de la mañana del martes 23, el mismo día que Mariano Rajoy viajaba a China, cuando el Rey Felipe VI se encontraba en Estados Unidos y en la misma semana en la que supuestamente se impugna la decisión de Artur Mas de convocar una consulta secesionista en Cataluña.

Ante esta situación y a pesar del asombro inicial (no tanto por la decisión, que Rajoy la tenía descontada, sino por el momento elegido) el presidente del Gobierno le dijo que adelante. Pero Rajoy no le desveló que era él el que se iba adelantar esa misma mañana, que iba a confirmar oficialmente la retirada del anteproyecto de Gallardón y que además ya tenía el nombre el sustituto.

Y así fue, antes de poner un pie en el avión con destino a China, el presidente del Gobierno lo tenía todo resuelto.

Una convivencia atormentada

La relación entre Mariano Rajoy y Alberto Ruiz Gallardón nunca ha sido especialmente estrecha. No era negativa, pero tampoco ha sido uno de sus más fieles colaboradores. Rajoy admiraba el peso político de Gallardón, la capacidad y el carisma de un político de «pata negra».

Pero la ambición, las contradicciones y sobre todo los episodios y enfrentamientos con Esperanza Aguirre confirmaron lo que Rajoy siempre ha pensado sobre Gallardón y también sobre la presidenta del PP de Madrid (aunque este caso es algo diferente) y que resumió Rajoy en una frase de Romanones que hizo suya: «Joder qué tropa».

A lo largo de su carrera política el exalcalde y expresidente de la Comunidad de Madrid siempre ha estado acostumbrado a ser su propio jefe. Las decisiones y proyectos que tomaba los llevaba hasta el final sin que nadie le dijera cuándo, cómo y hasta dónde. Pero, tal y como apuntaba un miembro de la dirección del PP: «Desde que fue nombrado ministro del Gobierno de España (algo que siempre ha anhelado) quizá no entendió que el jefe era Rajoy y que hay que saber interpretar sus señales».

Algún día quizá los protagonistas cuenten el embrión, el origen de este divorcio entre Rajoy y Gallardón. Algo deslizó hace poco el periodista y escritor Raúl del Pozo. Cuando Gallardón quizá anhelaba el sillón de Rajoy en los primeros meses de legislatura. Cuando económicamente todo iba de mal en peor con la crisis, cuando lo de Gürtel y lo de Bárcenas. Cuando pensaba que estaba muerto y lo que estaba era mal enterrado y luego ha resucitado.

Pero quizá Gallardón también olvidó que para Rajoy la lealtad en política es un valor con mayúsculas.

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