DESDE MI VALLE

Cuando la devolución es sólo de medallas y honores

Los protagonistas de la Trinque Fashion Week pasan por caja para devolver honores y se quedan mientras tanto con lo mollar

Cuando la devolución es sólo de medallas y honores
Francisco Granados.

Hay una escena desgarradora en cualquier película bélica que se precie y es esa en la que al héroe, injustamente acusado de traición, le arrancan las divisas propias de su cargo dejándole el uniforme hecho unos zorros y con unos boquetes de zurcido complicado. Me viene esto a la memoria, aunque en este caso no hablemos de héroes ni de injusticias sino de todo lo contrario, porque a medida que la lista de imputados, presuntos, sospechosos y supuestos va in crescendo, universidades y organismos oficiales se apresuran a despojar de antiguos honores a todos esos ídolos caídos por culpa del exceso de peso en los bolsillos y cuyo penúltimo mérito es el de estar convirtiendo la Audiencia Nacional en la pasarela central de la que ya se empieza a conocer como la Trinque Fashion Week.

Los últimos en pasar por el bochorno de tener que devolver sus condecoraciones civiles han sido el púnico Francisco Granados, al que alguien a quien Dios conserve la vista tuvo la genial idea de premiar hace un año con la medalla de la Comunidad de Madrid por el trabajo realizado -no se rían, por favor- y la racial Isabel Pantoja que hace doce años acudió vestida de blanco como una novia a recoger la medalla de Andalucía de manos de Chaves, componiendo ambos una estampa memorable.

No son los únicos: en los últimos meses Rodrigo Rato ha dejado de ser doctor honoris causa por la Universidad de Alicante y Jordi Pujol, «honoris» en general con el agravante de que al patriarca de ese clan de emprendedores que son sus herederos también le han tirado por tierra una estatua, que ya es lo más. Y antes de todos estos, fue el cuñadísimo/yernísimo Duque consorte de Palma el que se quedó sin calle, aunque en su caso el COI todavía no le ha pedido que devuelva las medallas olímpicas.

Para los ciudadanos de a pie que últimamente no damos a basto manejando la calculadora para sacar la cuenta de las cuentas que ha saqueado toda esta tropa, lo del desposeimiento de honores es un triste consuelo, pero consuelo al fin. Ahora, para que el castigo sea completo y la sociedad se vea resarcida de tanto choriceo solo quedan dos cosas: que además de las medallas y los diplomas devuelvan lo mollar que se han llevado, y que alguien convenza al Museo de Cera de que deje de hacerles el favor de retirar sus figuras. Y es que, me van a perdonar los maestros artesanos del noble arte del modelaje, pero hay honores que, viendo el resultado, son el mejor de los castigos.

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