A BOCAJARRO

La ruleta rusa del PP: cómo Rajoy miró a los ojos a Mato y se despidió

Rajoy ha comprendido que si no ofrece todas las cabezas que le piden y más acabará siendo la suya la que ruede. Su instinto de supervivencia tiene, sin embargo, peligro para su partido

La ruleta rusa del PP: cómo Rajoy miró a los ojos a Mato y se despidió
Mariano Rajoy con Ana Mato. EP

«Partícipe a título lucrativo». La figura judicial que se ha llevado por delante a Ana Mato sin que el juez Pablo Ruz le atribuya responsabilidad penal y sin que esté imputada en el caso Gürtel deja una pregunta en el aire, aparte de un listón muy alto.

¿Habría tenido el mismo final la ministra de Sanidad con un auto así hace dos años? ¿O uno incluso? Muy probablemente no. Pero las heridas del Gobierno y el PP por los casos de corrupción a seis meses de las municipales y autonómicas y doce de las generales necesitaban un desinfectante.

Mariano Rajoy siempre ha creído en la inocencia de la mujer que dirigió la campaña que le llevó a La Moncloa en volandas de una mayoría absoluta. Siempre ha creído que Mato tuvo la mala suerte de casarse con un golfo que la chuleó en todos los aspectos (las andanzas de Jesús Sepúlveda han dado para muchos chismorreos en el PP).

Y sigue creyendo en su inocencia. Por eso seguro que no le fue fácil mirarla a los ojos y despedirse en el transcurso de esa conversación que tuvieron el miércoles por la tarde en La Moncloa. Y que acabó con un comunicado en el que la ya exministra deja claro por qué se inmola: «No quiero, bajo ningún concepto, que mi permanencia en esta responsabilidad pueda ser utilizada para perjudicar al Gobierno de España, a su Presidente ni tampoco al Partido Popular».

De entrada, su foto sentada en la bancada azul del Gobierno en el Congreso mientras el presidente desgranara medidas contra la corrupción en el Pleno monográfico de este jueves habría sido una enmienda a la totalidad de su paquete de propuestas.

Lo de Alberto Ruiz Gallardón fue una operación para quitarse de en medio a un ministro que se había vuelto muy incómodo, pero lo de Ana Mato es muy distinto. Su cese es la muestra de la debilidad de Rajoy transcurridos tres años de legislatura. Sobre todo fuera de su partido, pero también empieza a mostrar síntomas de ella dentro.

Hace un tiempo Rajoy estaba en disposición de aguantar el pulso a la opinión pública y mantener a su titular de Sanidad contra viento y marea. Como lo hizo cuando a principios de febrero de 2013 se hizo público un informe refrito de la UDEF con informaciones sobre Sepúlveda y Mato la tarde antes de que el PP celebrara un Comité Ejecutivo Nacional.

Al día siguiente El País y El Mundo pedían la cabeza de la ministra en sus editoriales. ¿Qué hizo el presidente? Le dijo delante de todos: «No te preocupes, todos sabemos lo que estás pasando». Y poco después reiteró ante las cámaras su «plena confianza» en ella. «Está siendo una magnífica ministra y lo merece», cuentan las hemerotecas.

Ahora sería impensable escucharle algo así, ni de Mato ni de nadie. A estas alturas de la película, después del Gürtel, Bárcenas, la Púnica, las tarjetas black, los viajes de José Antonio Monago y demás escándalos, y con Podemos al acecho, Rajoy ha comprendido que si no ofrece todas las cabezas que le piden y más acabará siendo la suya la que ruede. Se llamen Rodrigo Rato o Ana Mato.

No obstante, ese instinto de supervivencia del presidente -o como o me comen- ha metido al PP en círculo peligroso. Ahora ha sido la ministra de Sanidad, sin que se le atribuya delito ni medie imputación, pero cobrada esa pieza la oposición querrá más.

Entre otras cosas porque el auto sitúa al Partido Popular «en igual condición de partícipe a título lucrativo». La ruleta rusa continúa, pero sólo parecen llevar balas los revólveres del PP. Ahí tienen a Manuel Chaves y José Antonio Griñán, a punto de declarar en el Tribunal Supremo y tan pichis.

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