CURIOSO MANEJO DEL TIEMPO

El liderazgo impasible de Rajoy somete al PP a un duro haraquiri

El presidente mira hacia dentro sin atender demasiado a lo que sucede a su alrededor", cuenta un alto cargo de Génova 13 a 'El Semanal Digital'

El liderazgo impasible de Rajoy somete al PP a un duro haraquiri
Mariano Rajoy. EP

Ni la cada vez más sonora queja de que la recuperación económica no se percibe en los hogares españoles, ni los destrozos que la corrupción causa en la «sonrojada» familia popular, harta de que la regeneración de su partido la estén haciendo autos judiciales y detenciones policiales, ni la deriva independentista en Cataluña…

El clima se ha deteriorado como pocas veces se ha visto en los años de vida democrática de España. Sin embargo, nada parece hacer mella en Mariano Rajoy, que sigue sin ver. O sin querer ver.

Pero la factura la paga el PP: paralizado, muy preocupado y sólo pendiente de lo que diga y haga Rajoy desde la lejanía de La Moncloa.

Ideológica y humanamente, el Partido Popular ha ido menguando estos años inmerso en un desgaste imparable. Ahora mismo, cualquier dirigente popular es percibido por los ciudadanos, sin mayores distingos, como «antipático» y «sospechoso».

El deterioro ha ido tan lejos, que cálculos internos pronostican hoy en unas elecciones generales un resultado de 140 escaños para sus siglas, cuando hace medio año hablaban de 156 diputados.

La descomposición –cuando falta un año para el fin de la Legislatura– debió haber sido atajada mucho antes. Aunque, para ello, el presidente del Gobierno habría tenido que tomar las riendas en las crisis, antes de que los problemas acabasen de devorar a su partido, a sus ministros y –a este paso resulta muy posible– a él mismo.

La visible -y frecuente-inacción de Rajoy ha sido más que evidente ante el tardío «sacrificio» de Ana Mato.

El presidente no tuvo más remedio que entregar la cabeza de su ministra de Sanidad tarde y en el peor momento. Obligado por las circunstancias.

Mariano Rajoy, otra vez, dejó correr los tiempos hasta pudrirse el asunto. No afrontó el problema Mato, tantas veces evidenciado, hasta que ya no tuvo margen de actuación y el estropicio para su facción era irreparable.

La política, más aún el liderazgo, requiere ilusión, ideas e iniciativa. Es una lástima que Rajoy siempre prefiera ir a remolque.

La falta de adversarios políticos duros y peligrosos ha podido llevar al presidente del PP a acomodarse. Tampoco hay que desdeñar que la gravísima situación económica vivida en España le haya inducido a mirar demasiado lo urgente, descuidando cuestiones esenciales para un político que representa a ciudadanos cargados de opiniones y, sobre todo, de emociones y sentimientos.

Sea por lo que sea, Rajoy se ha convertido en la opinión pública en «el hombre impasible» empeñado en remar con unos ministros en ruinas, salvo muy honrosas excepciones.

Mientras, en la calle el español de centro derecha mira cada vez con mayor desafecto al presidente, alarmado por la caída libre que palpa en el PP y en su Gobierno. Ello, pese a la grave crisis que atraviesa la izquierda tras la irrupción de Podemos en el panorama político.

La familia popular nota claramente que no es la izquierda española quien gana terreno electoral, sino que es el PP con sus errores, con su lejanía, con su voz permanentemente mecánica, quien cada día está un peldaño más abajo.

¿Cómo es posible que quien fue capaz de ganar en 37 de las 52 capitales de provincia, en el 83% de las mayores poblaciones españolas, que gobierna en 13 de las 17 autonomías, que obtuvo 10,8 millones de votos y 186 escaños en el Congreso, el de la mayoría «absolutísima», sólo tres años después, según el CIS, inspire «muy poca» o «ninguna» confianza a más del 86% de los encuestados?

Pues éste es el panorama. Sí.

No me sorprende por tanto que un político templado y listo como el gallego Alberto Núñez Feijóo avise: «Había que haber actuado antes». Se agota el tiempo y una profunda desesperanza se ha apoderado del Partido Popular.

Desde los militantes de base a los VIP del partido se escucha el eco de las quejas por el grotesco harakiri al que se les somete. Y, por supuesto, ya no vale aquello de «Mariano siempre acierta con el manejo de los tiempos».

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