DESDE MI VALLE

El Ibex 35 de la corrupción sigue sin hacernos mella a pesar del CIS

Ni todas las corrupciones cotizan igual en el ánimo de los ciudadanos, ni todos los presuntos corruptos reciben idéntico trato por nuestra parte. Hasta en eso se notan las diferencias

El Ibex 35 de la corrupción sigue sin hacernos mella a pesar del CIS
Tania Sánchez. Telecinco

Lo explicó muy claramente Cayo Lara en el programa «Hoy en Madrid» de Onda Madrid: «Lo de las tarjetas de Bankia me jodió a mí; nos ha jodido a todos, sin embargo ¿cuál es el daño de lo que ha hecho Tania Sánchez, tanto a los ciudadanos como al Ayuntamiento de Rivas?».

En el ranking que cada partido elabora sobre corruptelas y corruptos, las de los demás siempre son las importantes, y las propias, casos aislados, equivocaciones o pillerías de elementos que se incrustan dentro de unas siglas para abusar de ellas y utilizarlas como paraguas. Eso en el caso de que se reconozcan, porque otras veces, se justifican como simples maniobras maquiavélicas del contrario.

La estrategia es, hasta cierto punto, comprensible. Serán manzanas podridas, pero son nuestras manzanas, y hay que intentarlo todo antes de que sus tejemanejes nos hundan la empresa.

Lo que no se entiende es que los ciudadanos entremos en este juego, y eso es lo que está pasando. Después de décadas en las que la corrupción no se penalizaba en las urnas, y tras unos cuantos años en los que la crisis nos ha hecho reaccionar con una indignación justificada ante quienes han aprovechado sus cargos públicos para meter la mano en la caja, hemos llegado a un punto en que, al igual que los partidos, nosotros también estamos volviendo a medir con un rasero diferente los trinques, dependiendo de quién los protagonice.

No hay mas que ver las encuestas: en Andalucía, donde el escándalo de los ERE no ha dejado de engordar, el PSOE se coloca a cinco escaños de la mayoría absoluta; en Cataluña, el proverbial silencio nacionalista sobre la «gestión» que el clan Pujol ha estado haciendo del dinero público – las declaraciones de ayer del patriarca apuntando a que si no había dicho nada de su «fortuna» hasta ahora era porque sabía que le iba a perjudicar políticamente son el colmo del despropósito puesto que llevan implícito el reconocimiento de culpabilidad- no parece que vaya a traducirse en un castigo electoral ejemplarizante, y las últimas informaciones que apuntan a que los líderes de Podemos, lejos de esperar a tocar poder, ya vienen corrompidos de casa, tampoco les está pasando la factura correspondiente.

Los ciudadanos estamos hartos de la corrupción, sí, pero mucho más de la que afecta a los partidos que nos son ajenos que a la de los que nos generan, por ideología o por interés, una cierta simpatía. Minimizamos la de los «nuestros» y pedimos – eso sí, con más cabreo que antes- la cabeza de los «otros», y eso lo volveremos a ver en las múltiples urnas por las que pasaremos en los próximos meses y en las que volverán a pesar más los corazones que la razón. Parecía que reaccionábamos, pero a la hora de la verdad volvemos a lo de siempre. Al final va a ser verdad que no tenemos remedio.

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