SU DEBILIDAD

Podemos se atreve con todos… menos con ellos

Podemos ha revolucionado el panorama político en muchos aspectos. No sólo en el manejo de la comunicación, también, como se ha visto con la recuperación del patriotismo, en lo doctrinal

Podemos se atreve con todos… menos con ellos
Pablo Iglesias, rodeado por simpatizantes de Podemos tras su mitin en Barcelona. EP

La izquierda tiene un concepto negativo de la historia de su país. Una parte de la izquierda, por mejor decir. Cuarenta años de franquismo y la exaltación nacionalista que, sobre todo al principio, llevó a cabo el nuevo Estado, asoció al régimen con la Nación misma. España es Franco.

Pocos de los grandes episodios que han forjado esta vieja piel de toro cuentan con las simpatías de las izquierdas. La Reconquista fue un capítulo aberrante de intolerancia religiosa -la «insidiosa Reconquista», en palabras de Cebrián-; el Descubrimiento, un genocidio, y la Guerra de la Independencia, la reacción de un pueblo ignorante que, impregnado de mística católica, rechazó violentamente la civilización que venía a imponer la Francia Revolucionaria.

Por eso es subversivo el discurso de Pablo Iglesias en Sol. Reivindicaba el 2 de Mayo. Quizá, de todos los mitos patrióticos, el más asumible por la izquierda (la propaganda republicana apeló igualmente a 1808 durante la Guerra Civil). Iglesias, en parte por influjo de los regímenes hispanoamericanos en los que se inspira, apeló a la Patria «con orgullo». Varias veces. Y a Don Quijote, «español universal». Y, al contrario que otros nuevos mensajes de vocación transversal, el del patriotismo no es impostado. Ya lo tenían. Iglesias al menos. Véase la hemeroteca. La reivindicación de la «soberanía nacional» ha sido una constante en el relato del partido. Desgraciadamente tal reclamación se ha hecho explícita únicamente frente a «Bruselas, Berlín y los poderes financieros».

Podemos ha revolucionado el panorama político en muchos aspectos. No sólo en el manejo de la comunicación, también, como se ha visto con la recuperación del patriotismo, en lo doctrinal. Por eso resulta decepcionante la incapacidad para elaborar un discurso propio, diferente y desacomplejado, en el País Vasco y Cataluña. No se han atrevido con las élites nacionalistas. La insolencia se guarda para Madrid y Bruselas. Contra «la casta» y los bancos.

Los nacionalismos, doctrina que reúne todo cuanto debiera combatir la izquierda, son cosa distinta. Son respetables. Gozan, incomprensiblemente, de una superioridad moral que intimida incluso a los de Iglesias. Podemos, como antes ICV y PSC, ha caído en la tela de araña. Han aceptado jugar el partido en el terreno del nacionalismo y con sus normas. Han comprado el relato en lugar de elaborar uno propio.

Aceptan, con tal de obtener el beneplácito nacionalista, que es necesario limitar la solidaridad de las regiones ricas o que la soberanía nacional no es tal, pues es ha de poder trocearse. Que un niño no pueda estudiar en su lengua materna o que la atención sanitaria ofrezca servicios diferentes según el lugar de residencia. Más aún: han llegado a asumir los privilegios fiscales del País Vasco porque «no queremos pasar a la historia como unos traidores a los fueros». No por creer en ellos sino para evitar ser tachados de «traidores». Para, en definitiva, adecuarse sin demasiadas estridencias al marco mental diseñado por los nacionalistas.

La intimidación moral que ejerce el nacionalismo ha llevado al mismísimo Pablo Iglesias a disculparse, varias veces y en tono casi lastimoso, ante el líder de las CUP por criticar su abrazo con Mas: «Me arrepiento de esas palabras. Me equivoqué. (…) David Fernández es un ejemplo político para muchos catalanes y yo tengo mucha admiración por él. Una crítica que (…) se convirtió, por mis palabras, en un ataque injusto. Sé que le hice daño y lo lamento».

Mansedumbre ante los nacionalistas. Lo de siempre.

SIGA LEYENDO EN EL SEMANAL DIGITAL

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído