Aluvión de críticas en el ala dura de Syriza al Gobierno de Alexis Tsipras

La Casa de Troya: Tsipras, Varoufakis, Grecia y la verdad

Mikis Theodorakis, de 89 años, ha pedido al Gobierno «anular todas las medidas del memorando» y que diga "nein"

La Casa de Troya: Tsipras, Varoufakis, Grecia y la verdad
Tsipras y Merkel. PD

Cambiar de nombre a las cosas, no cambia su naturaleza. Ese axioma, tan de sentido común, es ignorado en el mundo de la política, donde colar gato por liebre es un ejercicio cotidiano.

Muchos dirigentes y Alexis Tsipras es el último ejemplo, actúan convencidos de que basta modificar la nomenclatura, para que la ciudadanía perciba la realidad de forma diferente.

A veces funciona, pero nunca durante mucho tiempo y ese el reto al que frente desde hoy Syriza.

Con una dureza inusual en los foros internacionales lo ha dejado patente Wolfgang Schäuble, cuando tras cerrarse el acuerdo con el Eurogrupo que permitirá a la economía griega respirar a duras penas cuatro meses, afirmó sombrío:

«Tsipras ha descubierto que gobernar es muy distinto de soñar».

Dice el refrán que no se consuela quien no quiere y el nuevo y juvenil primer ministro griego es muy capaz de plantarse en la Plaza Syntagma y asegurar rotundo que ha logrado torcer el brazo de la Troika y puesto contra la pared a Ángela Merkel.

La realidad es que un Gobierno que llegó al poder cargado de ilusión y con una retórica desafiante, ha acabado aceptando un pacto que se diferencia muy poco del acogotó a sus predecesores.

Podía haber sido peor, porque Grecia se arriesgaba a verse fuera del euro, pero el pulso entre las nuevas autoridades de Atenas y las Berlín, se ha decantado de forma clara a favor de los germanos.

No podía ser de otra manera. Las fuerzas estaban totalmente desequilibradas. No negocia igual quien va a pedir agobiado por la necesidad, que el que debe conceder.

Y para colmo de desdichas, Tsipras y Varoufakis no han chocado sólo con Alemania y los severos acreedores del norte de Europa.

Han topado también con países periféricos como España o Portugal, cuyos actuales gobernantes se enfrentan en breve a procesos electorales y han optado por curarse en salud y evitar el riesgo de contagio.

Darle a Syriza un respiro en Bruselas, hubiera sido como meter el Caballo de Troya en casa.

LAS 10 GRANDES CONCESIONES DE SYRIZA AL EUROGRUPO

EMPLEO
Durante la campaña, Tsipras habló de 300.000 nuevos puestos de trabajo, incluyendo creación en el sector público y el «social». Además, prometió subir el salario mínimo desde 580 euros hasta 751. El documento enviado a Bruselas, sin embargo, no incluye ninguna referencia a esos empleos, y además, limita la subida del salario a un futuro impreciso «y de manera que salvaguarde la competitividad y las perspectivas del empleo». Y por si fuera poco, «el alcance y el momento de los cambios en el salario mínimo se decidirán en consulta con los interlocutores sociales y las instituciones internacionales», concede.

DESAHUCIOS
El pasado jueves, y para ganarse a los ministros del Eurogrupo, Varoufakis anunció que retirarían el proyecto de Ley sobre Desahucios en el que estaban trabajando. En la lista de reformas, la Ley pasa a ser una «colaboración con los bancos y las instituciones» para evitarlos en la medida de lo posible y para familias por debajo de determinados umbrales de ingresos.

IVA
Una de las líneas rojas de Grecia era el IVA, no subirlo antes de la temporada de verano. Eso se consigue, pero el impuesto será ajustado mediante una «racionalización de los tipos» que incluye «limitación de exenciones» y sacar productos de los tramos reducidos.

PRIVATIZACIONES
Otro de los puntos calientes de Syriza. Varoufakis ya había adelantado durante su ‘road show’ por Londres que no habría una enmienda a la totalidad de las privatizaciones aprobadas por el Gobierno anterior. Pero en el texto va un paso más allá y habla de un «compromiso para no revertir las privatizaciones que hayan sido completadas», y «cuando el proceso de licitación se haya puesto en marcha el Gobierno respetará el proceso, de acuerdo con la ley».

LIBERALIZACIONES
Como si de la lista de instrucciones ortodoxas de un manual de texto de la Troika se tratara, Grecia acepta «eliminar barreras a la competencia siguiendo los parámetros de la OCDE», «reducir la carga administrativa de la burocracia» y esforzarse para «aliviar las desproporcionadas e injustas restricciones en la regulación de algunas profesiones», así como equiparar la legislación sobre gas y electricidad «a las prácticas de la UE». Algo chocante para un partido que ha insistido en que mantendría medidas proteccionistas, como la limitación de horarios comerciales, que no se menciona específicamente pero que es una de las bestias negras de los técnicos.

PENSIONES
No se habla de bajadas, pero tampoco de subidas como muchos esperaban. De hecho, Grecia «se compromete a seguir modernizando sus sistema de pensiones». En concreto, garantiza «seguir trabajando en medidas administrativas para unificar y racionalizar la actual política de pensiones y para eliminar algunos de los vacíos e incentivos que dan lugar a una proporción excesiva de jubilaciones anticipadas en toda la economía, pero más específicamente en los sectores público y de la banca». E incluso más, pues el Gobierno acepta trabajar para desarrollar un «vínculo más estrecho entre las cotizaciones de las pensiones y los ingresos», así como a «racionalizar las prestaciones» y fortalecer los incentivos para la declaración del trabajo remunerado.

GASTO PÚBLICO
Una de las grandes críticas del FMI y del BCE al documento es que no incluye números. Ni previsiones, ni cálculos ni estimaciones de ahorro. Syriza tiene como uno de sus pilares la lucha contra el Memorando de Entendimiento y el Programa de Rescate, pero el lunes aceptó la filosofía que los caracteriza a ambos. Empezando por un férreo control del gasto público, cuando su ministro es partidario de lo contrario para reactivar la economía. En la carta, Grecia acepta una «revisión y control en cada área de gasto público, por ejemplo, en Educación, Defensa, Transporte o prestaciones sociales». Promete «mejorar drásticamente la eficiencia» e identificar «medidas de ahorro en todos los ministerios», así como reducir el número de estos de 16 a 10. Además, recortará los privilegios de ministros, asesores y parlamentarios, en sueldos, dietas y complementos.

INDEPENDENCIA
Grecia promete luchar contra la corrupción y la evasión fiscal, dos de las prioridades de Syriza durante toda la campaña. Pero también acepta la ayuda, colaboración y supervisión de las instituciones. El Gobierno de Tsipras ha insinuado que se haría sin la presencia de la ‘Troika’ en el país, pero ésta es inevitable. Igualmente, acepta algo humillante: reconocer explícitamente que se garantizará la independencia de la Agencia Estadística nacional y se velará para elegir un presidente de forma «transparente y apropiada», que es reconocer que la principal fuente de cifras no lo hacía bien hasta ahora.
FMI
Atenas quería fuera de las negociaciones al FMI, que ayer fue el acreedor que con más severidad juzgó su documento. Pero no lo ha conseguido. El FMI seguirá formando parte de forma directa, tanto en los préstamos como en la supervisión. En la prórroga por descontado. Y en el próximo programa que será negociado en verano, está por ver.

CRISIS HUMANITARIA
Quizás la constatación más clara de las concesiones griegas se ven en el último apartado del documento enviado, el dedicado a la «crisis humanitaria». La gran pelea de Tsipras era que las instituciones reconocieran la grave crisis humanitaria del país, e incluso que parte de ella es al menos responsabilidad de las políticas de austeridad impuestas por los acreedores. Que, para el Gobierno, han disparado la pobreza, el desempleo y la cuantía y extensión de las prestaciones sociales. En la carta hay referencias directas a esa crisis, pero en términos que resultan humillantes, una imposición exageradamente punitiva. Así, Grecia «muestra su disposición» para hacer frente a esa situación y al aumento de la «pobreza absoluta». Pero se somete a hacerlo «asegurándose que la lucha contra la crisis humanitaria no tenga efectos fiscales negativos», una forma de en la práctica atar de manos a las autoridades con sus presupuesto, pues cualquier tipo de estabilizador automático tiene forzosamente un impacto negativo en las cuentas públicas.

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