La ventana discreta

Cosas que un ciudadano de a pie no entiende

Cosas que un ciudadano de a pie no entiende
Un oso polar sufre los efectos del calentamiento global y del cambio de clima en el Planeta Tierra. PD

Conozco a casi todo el mundo. De Este a Oeste y de Norte a Sur. Y en ningún lugar se silba o abuchea el himno de la nación. Poco después de la caída del muro de Berlín, las casas de Hungría estaban engalanadas con la bandera nacional. Aquí, en cambio, se ultraja la roja y gualda y sólo cuando juega España la Eurocopa o el Mundial se sacan bufandas y pulseras patrióticas porque si se lucen de forma permanente te llaman facha. En este sentido, un mozuelo que tenía a su madre en una residencia de la sierra madrileña donde asimismo moraba mi santa, me dijo que le echara una mano porque le habían despedido de su banco de moneda y timbre, pensando, por mi condición de director de «Parlamento» de TVE, que hablara con el Rey para remediar el desatino que le habían hecho. Encima, yo llevaba un escudo bordado fashion en la camisa de verano, que él, el hombre, o lo que fuera, interpretó como distintivo noble. Hombre, no salí corriendo hacia la Zarzuela porque el agosto agostaba la mies y Su Majestad no se iba tomar una caña conmigo, ese justo día, cosa que se imaginaba el zurupeto asaltador. Después de la matraca, visualizó mi muñeca con la banderita de tu eres roja… que me regaló, por cierto, mi amigo podólogo Avelino tras la consecución de la Eurocopa.

– Claro que -reflexionó el pollo- tú eres de derechas.

– No, gilipollas; le respondí. Soy español, so capullo.

En sentido inverso, Miguel Roca, cuando yo le planteaba la disyuntiva de catalán o español, me respondía: «No voy a hacer más actos de fe de que soy español y catalán hasta la muerte». Pero sigamos con barbaridades, barrabasadas y gilipolleces al uso. Quemar la enseña nacional, en cualquier país del mundo es sancionada con cárcel, o la foto de Su majestad el Rey. Y no pasa nada. Los jueces se han envuelto en la toalla de la libertad de expresión y de ahí no les sacan, no sea que les vayan a llamar reaccionarios, y es que, como se sabe, aquí hay magistrados «para la democracia», como podría haber árbitros para militares, para penaltis o para córners. Como decía mi viejo amigo, hoy en los cielos, Santiago Amón aquí no cabe un tonto más.

El orden, la ley, al parecer -y sin parecer-, es para reprimidos o autoritarios. Y es que viene de lejos, desde la muerte de Franco, ahí que pasen 40 años, se confunde la implantación de la norma con un sistema reaccionario. Viva la anarquía, podemos un polvo, o dos si son pequeños. Los socialistas, incluido mi compadre Pablo Castellano, enarbolan la desafortunada frase de Concepción Arenal consistente en «Condena el delito y compadece al delincuente». No, coño, no. Aquí vale todo. De ahí que el PSOE censure y remita al TC la ley de Seguridad Ciudadana elaborada por el Gobierno del PP.

Y tampoco este ciudadanito de a pie comprende -con los populismos al frente, ar- la algarabía por las hipotecas y los desahucios. Pero igual que no desearás la mujer de tu prójimo, que puso Moisés en mandamiento de piedra, tratar de conseguir una vivienda por la cara y por el morro, saltándote a la torera la hipoteca bancaria, otorga al juez el desalojo, que es muy doloroso, sí, pero es la aplicación legal que obliga a intervenir a las fuerzas del orden. El «todos tienen derecho a una vivienda justa», no deja de ser una expresión retórica de la Carta Magna. Aunque abogo, sinceramente, por la revisión de esos créditos que las entidades bancarias emiten, siempre en beneficio propio.

Pero de todo eso no salvará el salvapatrias de Pedrito El Bien Hecho. Que para eso es un clonado del zapaterismo con la distinción de «cum laude. Con su «cambio» pacífico nos sacará del atolladero económico que nos dejó el nefasto ZP, así como del destrozo patrio que el PSOE alentó a los independentistas furibundos. Y será restituida la bandera nacional, que el mesías radical se fotografía con ella en tres dimensiones para la foto, cuando el Partido Socialista jamás la sacó a calle, sí la roja y la republicana, y eso que el actual escudo -el mal llamado constitucional porque la Carta Magna se aprobó con el Águila de San Juan, que los ignorantes y guerra civilistas llamaron «aguilucho»-; y eso que el actual escudo, decía, lo pergeñó Luís Solana en su etapa de diputado del PSOE con el beneplácito de Peces-Barba, a la sazón portavoz del grupo.

Lo del «cambio» climático -no sé si será porque ha leído la encíclica del ocurrente Papa Paco- me suena al 82. Claro que con Podemos todo se logra. Inteligente ha estado Felipe al ausentarse de la proclamación de este caudillo y totalitario llamado Pedro Sánchez, alias el Guapo o simplemente Capullo.

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