SANTIAGO LÓPEZ CASTILLO

La ventana discreta: Gobernar al dictado

La ventana discreta: Gobernar al dictado
Dibujo de la cara de un hombre.

Los pactos tienen estas cosas. Tú me das, yo te doy y como me necesitas te pongo deberes y sin rechistar. Pongo como ejemplo la investidura de Cristina Cifuentes en la Comunidad Autónoma de Madrid que tiene y tendrá gran resonancia y trascendencia política.

Sus apoyantes -y perdón por el palabro- le han puesto como condición 79 puntos que son como aquellas cien veces que el alumno debería escribir en el encerado.

Cuando hagas las necesidades, has de tirar de la cadena; no copiarás el ejercicio de tu compañero; te pondrás de pie cuando entre el profesor… (Lo del Metro en Tiempos de Franco se llamaba urbanidad). Recomendaciones que no se dan ni por el forro en el mundo docente.

Que te escriban el guión para gobernar induce a reflexión, y, lo que es más, llegar a abdicar de tus postulados en beneficio del partido bisagra que tiene engrasado el herraje y sabe, como amenaza, que a la mínima, te cierra la puerta. O sea, moción de censura al canto y los socialistas, ávidos de poder, desde el minuto uno frotándose las manos.

No quiere esto decir que este tipo acuerdos -me inclino más por trapicheos- sean antidemocráticos, pero sí susceptibles de revisión. La ley electoral. De ahí que Rajoy, en un amagar y no dar, que es lo suyo, propusiera que la gobernación debería recaer en la lista más votada, o -en mi opinión- en una segunda vuelta como sucede en tantos países de Europa. En esas, saltó a su cuello, recordemos, Pablo Sánchez, ZP 2, y abortó la operación marianista. Sin embargo, este ser engreído, soñador del poder como cualquier babosa rastrera, pacta con los más radicales y sectarios independentistas. Va a muerte. Caiga quien caiga. Él es él y lo demás son circunstancias.

El Partido Popular, en los treinta y siete años que llevamos de democracia, ha gobernando en la mayor parte del todavía llamado territorio nacional gracias a la mayoría absoluta. Y eso tiene mérito. Madrid, Valencia, La Rioja, Castilla-León, Murcia…, además de padecer el Pacto del Tinell. Lo de la comunidad valenciana, o Reino de Valencia dicho con propiedad, ha sido un constante hostigamiento al PP. Y todo por unos trajes del tres al cuarto con que se vistió Camps. Y luego, todas esas operaciones que se llevan a cabo para que la vuelta al mundo en 80 días en vela surcara desde aguas levantinas y, por ende, encumbrara la región che. Eso se da en cualquier país del mundo. Y, si no, ¿de qué vivirían los «lobbies»? En cuanto a Rita Barberá, la ex alcaldesa, visto desde la periferia al revés, o sea viaje al centro de la Villa y Corte, me pareció una gran gestora que el huracán socialista emponzoñó en su permanente acoso y derribo para implantar sus reales.

Salvo los grandes «chorizos», que crecen como hongos, y que hay que cortarlos de cuajo, no todo en política es caca de la vaca. Los nuevos consistorios, desde el primer día, están dando un espectáculo bochornoso. Nepotismo desilustrado a tope, y tiro porque me toca, cuando ellos se pasaron las elecciones con la dichosa casta en los dientes. Estos radicales también son casta sin Susana. Y, como se dice, de una dictadura de derechas se sale, pero no de una de izquierdas. Pedrito Sánchez sueña con el Frente Popular pero con Armany y Emidio Tucci y aroma de Chanel.
El Guapito de cara, en fin, ya ha configurado su «gobierno en la sombra». El caso es dar sombra al botijo.

PD.– Resulta bochornoso que nadie del PP haya pronunciado ninguna palabra sobre los autos de Cháves y Griñán por el Supremo. Y eso que Rajoy renovó cargos para mejorar la comunicación. No sé lo que habría sucedido a la inversa si Cospedal o Esperanza Aguirre hubieran sido objeto jurídico, supuestamente, en la prevaricación o malversación de caudales públicos (miles de millones de € en los ERE de Andalucía). Hombre, doña Espe fue perseguida, muerta y sepultada por el carril-bus para sacar unos dineros del cajero automático como cualquier bicho viviente).

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