La ventana discreta

Sánchez, grotesco

Sánchez, grotesco
Pedro Sánchez.

Había agotado todos los adjetivos calificativos, cuando me di cuenta de que me faltaba «grotesco»: ridículo, extravagante (RAE). Guapito de cara, ególatra, egocéntrico, fantoche, ombligo del mundo, salvapatrias, etc. Este chico, el Sánchez, no sé si tendrá bien amueblada la mollera -en lenguaje político al uso- pero le gusta más una foto que a un tonto un lápiz, y una cámara de TV más que a Francisco Marhuenda. Joder, qué tío. Hace periplos por toda la geografía como un ser mesiánico y utiliza la estrategia de Cafrune que cuando viajaba por la pampa iba en cadillac y al llegar a los pueblos se bajaba y se subía a un asno con alforjas de trozos de pan. Se apunta hasta a un bombardeo, y eso que es pacifista cum laude, hijo del zapaterismo.

Está obsesionado con La Moncloa. España le importa un bledo, pero podemos. No me pregunte nada porque me opongo. Tengo entendido, no soy sociólogo ni cristo que lo fundó, que muchos sensatos socialistas, mismamente Felipe González, ¡vuelve Felipe aun habiendo esquilmando el país!, se avergüenzan de este chiquilicuatre secretario general del PSOE. Claro que la mayoría de los fanáticos socialistas, con tal de arrojar a las tinieblas al Partido Popular le corean. A mí, cómo si se la machacan. Pero el engreído socialista no cesa, es como la avispa que picó al tren. Ahora dice que Rajoy ha dejado a España sin voz en Europa. Hombre, quién fue a hablar. ¿El que facilitó el acceso de los pro etarras en la Comunidad Europea, su ínclito Rodríguez Zapatero, o el que traicionó al PP tras el debido consenso sobre el presidente de la Comisión?

En soberano castizo, habla porque tiene boca. Bocazas. El soñador de la Moncloa -y eso que no ha leído a Calderón ni por el forro- ya está diseñando una nueva constitución y eso que la actual no se cumple; él, el primero. Y convoca un gabinete de «sabios» -deben ser coletas asamblearios- y ya tiene un gobierno «en la sombra», será para el botijo de la era. El caso es pavonearse de la retórica y la grandilocuencia. Y como tiene un equipo de deslenguados -lenguados con escamas-, pues ancha es Castilla, la nueva en tiempos, que tiene por regidor al secretario (sic) que tenía Bono y lo he visto con mis propios ojos, la expresión más redundante y categórica de nuestro idioma, cuando servidor le invitaba al prócer a mis debates de «Parlamento» en TVE y García Page le llevaba la cartera.

Pues nada, señor Sánchez. Vayamos al Estado federal, panacea universal, y perdón por el pareado. Uno más para la desintegración de España, no se esfuerce, está en añicos; otro visionario como Arthur Mas, el Menos, que se rige por la más mínima ocurrencia y sin desatascador, maldita España. ¡Ole!.

Por lo que se ve y se adivina, el Guapito de Cara, o sea el inmortal Pedro Sánchez, si ganara las elecciones, tendría su sede presidencial en el Palacio de Oriente donde la ciudadanía le rendiría vasallaje. Y sus ministros, en carruajes.

Vamos bien, y no es coña.

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