Los populares piden ahora consenso para cambiar la ley electoral, ¿pero lo han consensuado con su propia historia?

Cuando el PP decía que defender que gobierne el más votado era «situarse en contra de la Constitución»

Pablo Casado y Esperanza Aguirre parecen haber olvidado todas las veces que el PP llegó al gobierno con 'pactos entre perdedores'

Javier Arenas en 1999: "La postura de defender el Gobierno por ser el más votado cuando no se tiene apoyo de la mayoría parlamentaria roza lo esperpéntico y se sitúa fuera de la Constitución y al margen de las leyes electorales"

«La postura de defender el gobierno por ser el más votado cuando no se tiene apoyo de la mayoría parlamentaria roza lo esperpéntico y se sitúa fuera de la Constitución y al margen de las leyes electorales». Quien pronunciaba esta cita aquí reproducida no era ningún dirigente radical del PSOE de esos que -según Génova- abundan.

No, era un alto dirigente del PP, el 19 de octubre de 1999, una persona importante entonces y también ahora, porque Javier Arenas Bocanegra, que actualmente ocupa el cargo de Vicesecretario de los populares, parece ser eterno.

En la noche de 13TV a 22 de julio de 2015 se pudo escuchar a esa nueva estrella del PP, Pablo Casado, defendiendo el cambio legal que fuerce que gobierne el más votado. El argumento fue por ser eso lo más democrático y porque ‘el pueblo no quiere pactos entre perdedores’…

Pero dejó caer Casado que sería bueno consensuar ese cambio con el PSOE, al que sin embargo no dejó de descalificar durante toda la entrevista (curiosa manera de solicitar un apoyo, ¿no?).

Javier Arenas, en 1999, muy contrario al gobierno de las listas más votadas.

Lo primero que habría que preguntarle a Pablo Casado cuando habla de consenso es si ha consensuado su postura con Javier Arenas, que defendía aquello en 1999. Se refería entonces Arenas a las elecciones en Cataluña de aquel año, Pasqual Maragall, del PSC, había sido el más votado con 1.183.299 papeletas (si sumamos con ICV, con el que se presentaban en coalición en tres provincias, eran 1.261.740) frente a Jordi Pujol que se quedó en 1.178.420.

Maragall reclamó gobernar él en calidad de ser el más votado y Arenas dijo que aquello era esperpéntico y anticonstitucional. Porque entonces el PP sí veía lícito un ‘pacto entre perdedores’.

De momento Pablo Casado sí parece haber conseguido el consenso con Esperanza Aguirre, que entró por teléfono al mismo ‘El Cascabel’ de 13TV para apoyar ese cambio electoral que impida ‘los pactos entre perdedores’.

Lo que no podrá Aguirre es consensuarlo con su pasado: ella apoyó como concejal que en 1989, el PP y el CDS unieran sus votos («pacto de perdedores», siguiendo su jerga) para quitarle la alcaldía de Madrid al partido más votado, el PSOE, y dárselo a la tercera fuerza en votos: el CDS con Aguirre de concejala de Medio Ambiente.

Ahora su partido dice que ese tipo de prácticas son antidemocráticas, pero entonces decía que era lícito para defender «la legitimidad democrática de las fuerzas del centro-derecha» que, sumadas, eran mayoría (¿Será que las sumas de centro-derecha son legítimas y las de izquierda no?).

Queda por saber si conseguirá el consenso con Rita Barberá, que llegó a la alcaldía de Valencia por otro ‘pacto entre perdedores’ (PP + UV) frente al partido más votado (PSOE) allá por el 91. ¿Con quién más debería consensuar? Con la historia de su partido.

Repasemos regiones: el PP firmó acuerdos con el PAR para que fueran presidentes de Aragón, Gómez de las Roces (1987-1991) y Emilio Eiroa (1991-1993), cerrando el paso al ‘partido más votado’ en aquel momento que era el PSOE.

El PP de Cantabria prefirió dar la presidencia de esa comunidad en 1991 al populista -condenado por corrupción- Juan Hormaechea (UPCA) antes que al partido más votado en las elecciones cántabras de ese año (PSOE). La derecha en La Rioja llegó al poder por primera vez con Joaquín Espert mediante un pacto ‘de perdedores’ que impidió que gobernara el más votado que, una vez más, era el PSOE. Podría hablarse de Benidorm en 1991, de Lleida en 1987, de Jaén y Tarragona en 1989 y un largo etc.

Pero no hace falta remontarnos a tanto. En 2007 el PP apoyó otro ‘pacto de perdedores’ en Canarias para impedir que gobernara el partido más votado, el PSOE, y que se perpetuara en el Gobierno un partido nacionalista como CC. En Euskadi, dos años después, el PP apoyaba otro pacto de perdedores, en este caso con el PSOE para desalojar a los nacionalistas del PNV.

Si a Pablo Casado estos ejemplos le quedan antiguos, porque el hombre es joven, que nos diga si la propuesta está consensuada con los actuales presidentes de Melilla y Ceuta, Juan José Imbroda y Juan Vivas.

Ambos del PP y ambos llegados al poder en su día sin ser los más votados, es decir, con ‘pactos de perdedores’ para más inri, con algún concejal tránsfuga incluido en ambos casos.

Y ya, si quiere terminar de buscar consenso, puede ir a Europa. Algunos veteranos de la CDU alemana quizá recuerden que Helmut Kohl llegó al poder en 1982 mediante uno de esos ‘pactos de perdedores’ (CDU + FDP de Gescher) frente al partido más votado (SPD). O el Partido Popular de Austria podría dejar caer que Schüssel gobernó igualmente con otro ‘pacto de perdedores’ (FPO + OVP) frente al más votado (SPO).

E igual italianos y franceses sacan la lista de todos los primeros ministros que ha habido en ambos países sin ser la fuerza política más votada por pactos de gobierno (aquellos célebres ‘quintapartitos’ en Roma). Lo mismo a todos esos no les acaba de hacer gracia que Pablo Casado les diga ahora que sus mayorías parlamentarias eran gobiernos ilegítimos y antidemocráticos.

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Autor

José Pablo González

Licenciado en periodismo en 2010. Canterano del diario ABC, actualmente es redactor de política, portadista y responsable del área audiovisual de Periodista Digital.

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