La ventana discreta

Sencillamente, traidores

Sencillamente, traidores
Los mitos, mapas y banderas de los independentistas catalanes y vascos. IV

Desde hace una treintena de años el Estado viene reculando hasta que se la claven. El título VIII de la Constitución, el referente a nacionalidades y regiones, fue una concesión a los nacionalismos. Por aquel entonces, jugaban al aldeanismo Pujol y Miguel Roca, por un lado, y Marcos Vizcaya y Arzallus fundamentalmente, por otro. Peces-Barba, padre constitucional acabó admitiendo: «¡Nos han engañado!» Se cayó de un guindo o del caballo. Os habrán engañado a vosotros, le contesté al apostólico y romano San Gregorio. Y sin ser un lince o un augur, la cosa estaba cantada, convoqué un debate décadas después sobre los nacionalismos, al que asistieron, obvio es decirlo, vascos y catalanes y algún que otro truculento del BNG (gallego), imagen y semejanza de ese espécimen con pinta de Polifemo que es Oriol Junqueras. El debate se inscribía en el programa «Parlamento» que durante tantos años dirigí.

La cosa -en el tiempo- podría cifrarse en hace unos dos lustros. Cuando planteé la cuestión independentista, vascos y catalanes hicieron el paripé de llevarse las manos a la cabeza, de mesarse los cabellos como zafias alcahuetas. ¡Hombre, no! Falsos de toda falsedad. Esto lo puedo decir ahora porque en mi responsabilidad de director-presentador del espacio de TVE hubiera sido crujido a palos por los que se arrogan de (falsos) demócratas. Claro que la clase periodística ha contribuido decisivamente a este escenario, jaque al Rey.

Por orden de aparición, Ibarretxe se llevó la palma. Un loco de atar iluminado por la mente perdida de Sabino Arana, que de tanto expeler gas terminó asfixiado. O el obispo Setién, la cruz del diablo para los asesinados y parias de la tierra. Y, ahora, al otro lado de España, mi tierra favorita Cataluña, donde disfruté de veranos e inviernos inmensos, el iluminado Mas, cada vez menos, en caletre o mollera, sigue desafiándonos a muerte. Por más rictus severo del monarca, casado con una republicana, trepa, retro-progre, el president de la barretina y el tupé, se cachondea de la Corona y, si es preciso, de su puta madre.

Estamos asistiendo, en fin, a los prolegómenos de la decadencia y descomposición de España como nación discutida y discutible. Estamos en manos de zurupetos, cutres y antisistemas que apestan con sólo verlos. Todos esos partidos mindundis, podemos, no podemos, okupas, miserables … lo tienen claro y les salen las cuentas: toda esta chusma es por sistema independentista que sumada al PSOE de Sánchez, El Hermoso, El Fantoche, que está en la crisálida de la Moncloa, joder qué obseso, consuman la caída del régimen para 2016. Las cuentas están echadas y más con una población borreguil que no sabe lo que le espera.

Estos independentistas, con el socialismo a la cabeza, rememorarán páginas épicas en que vascos y catalanes alzaron el brazo con la camisa nueva cuando llegaba Franco a aquellas tierras y fue el general quien potenció como a ninguna de las regiones Cataluña y Vascongadas, mientras los extremeños, por ejemplo, se comían los mocos para sobrevivir. Ante la alta traición, cárcel. Reléase lo que sucedió ante la declaración de independencia de Cataluña del 32 y la intervención inmediata de los guardias de asalto, y mandaba la República. ¡España nos roba! Jo. Y Cataluña, mejor dicho, Convergencia y sus secuaces quieren expoliar a cuarenta millones de españoles. Rajoy -entre la exasperante prudencia y bonomía sin límites- echará más papeles al fuego del Constitucional para ver cómo chisporrotean las llamas.

– Todos, brazos en alto.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído