En la antología del disparate de los antisistema, tan voluminosa ya a pesar de la breve existencia del podemismo, ocupa sin duda un lugar de honor, la cima del «top ten» podríamos decir, la egregia figura del Sr.Monedero, al cual, sin embargo, hay que agradecerle sus memeces y patochadas, pues con ellas se convierte en «carne de cañón» para el mundillo periodístico, siempre ávido de escándalos y curiosidades, de jugosos titulares con las que atraer a los lectores.
La penúltima del susodicho -la última la habrá hecho mientras escribimos estas líneas- ha sido recomendar a los funcionarios españoles que donen a los refugiados sirios el importe de la devolución de la paga extra que el Gobierno les ingresará en unos meses (sic).
Resulta que en un país donde -según los antisistema- abundan los niños hambrientos con barrigas biafreñas, las familias desahuciadas -que son muchísimas menos de lo que afirma el «Hada Colau» de los antidesahucios- y un enorme número de población en riesgo de exclusión social -a los que habría que pagar luz, agua y gas-, los españolitos mileuristas que apenas llegan a fin de mes deberían participar generosamente en una ONG podemita para socorrer a los menesterosos refugiados musulmanes. Chapeau.
Puestos a ser solidarios, el partido del Sr. Turrión podría proponer la creación de una gigantesca hucha nacional donde vayan a parar las pagas extras de los funcionarios, para socorrer, no solo a los refugiados sirios, sino también a la enorme avalancha de inmigrantes sin papeles que se nos vendría encima si Podemos llegase al poder, ya que en su programa figura la abolición de las vallas de Ceuta y Melilla, y la libre circulación de extranjeros por todo el territorio nacional (sic). Y si a eso le sumamos la necesidad imperiosa de solidarizarnos con los hambrientos de Venezuela, país en quiebra asesorado por los fundadores podemitas -¿será más que una casualidad?-, queda clara la urgencia de ese «Monte de Piedad» estilo ONG.
Pero vamos a ver, Sr.Monedero, si usted ha sido capaz de pagar a Hacienda a tocateja la nada despreciable suma de 200.000 euros que escamoteó, ¿no le quedará algo de calderilla para donarla a tan loables fines solidarios? Si su partido ha recibido sumas considerables de gobiernos como Venezuela -por trabajos de asesoramiento- e Irán -que sostiene un espacio televisivo podemita de vaqueros y apaches-, ¿no se podría detraer parte de estas cantidades para ayudar a los refugiados? Y, por cierto, ¿cuántos refugiados ha acogido usted en sus casas de Segovia y Argüelles? ¿Y el Sr. Iglesias? Y la «Hada Colau», que ha declarado a Barcelona «ciudad abierta» a los refugiados -copiando a Fellini y, por supuesto, pidiendo dinero al Estado para sus obras de caridad-, ¿cuántos refugiados ha sentado a su mesa para darles butifarra y pantumaca?
También se podría preguntar a estos antisistemas tan solidarios qué habrían hecho en el caso de que los refugiados fueran cristianos en vez de musulmanes, pues ya conocemos que la izquierda radical suele confesarse pro-árabe, y poco amiga de lo católico. Posiblemente su acogida no hubiera sido tan entusiasta por parte de algunos: imagínense a la asaltacapillas Rita «la quemaora» poniendo un cartel en el Ayuntamiento de Madrid que dijera: «Cristianos, bienvenidos».
Podemos dijo en su programa que sus cargos públicos no ganarían más de 3 veces el salario mínimo interprofesional (sobre 1900 euros), ya que se bajarían los sueldos, y donarían el resto sobrante de esa cantidad a fines benéficos. Pues resulta que muchos ediles y regidores no solo no se han bajado sus emolumentos, sino que además esas donaciones no las hacen para obras sociales, sino para aumentar las arcas de su partido.
Y yo me pregunto: ¿Cuántos refugiados se podrían ayudar con esos dineros?
Eso sí, los municipios podemitas se han apresurado a lanzarse a la palestra para llenarse la boca hablando de solidaridades y bienvenidas, capitalizando en su favor la acogida que hará el Gobierno, que se ha comprometido a cumplir con el cupo de refugiados que le adjudique Bruselas.
Y es que es mucho más fácil predicar que dar trigo, ser solidarios con el dinero ajeno que con el propio. Y es que «con la pasta hemos dado, amigo Iglesias».
Ya lo dice el refrán: «En casa del herrero, cuchillo de palo». Y como dijo el inversionista y filántropo Warren Buffett, «solo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo». Pues ya lo sabemos.
