Puro orgullo rojo

El Día de los Podemitas

Ya que no les gusta el Día de la Hispanidad, los podemitas podían organizar su Día, con un desfile donde sacar a pasear sus ejércitos de camaradas radikales

El Día de los Podemitas
Pablo Iglesias, Tania Sánchez, Kichi, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón. laSexta

Es un hecho comprobado que las redes sociales han aumentado enormemente la cantidad de necios, personajillos que cada vez que hablan o escriben ponen un huevo, sube el pan, o -como le sucedía a Woody Allen- le dan ganas a uno de invadir Polonia. Sus chorradas y payasadas podrían calificarse de muchas maneras, todas despectivas, pero creo que -ya que de poner huevos se trata- el término que mejor puede definirlas es el de cacareos.

Confieso que en el día de la Hispanidad estaba sobreaviso, sabiendo como sé que la incontinencia verbal de los podemitas acabaría vertiendo sus cacareos y su ponzoña en las redes sociales, como si se tratase de un pez podrido de olor nauseabundo.

Y también sabiendo que su antiespañolismo les traicionaría más pronto que tarde.
Voilá: la Coca-Colau y el Kichi cayeron en el anzuelo, y tuitearon que la fiesta de la Hispanidad no tenía nada que celebrar. La Colau escribió: «Vergüenza de Estado aquel que celebra un genocidio, y encima con un desfile militar que cuesta 800.000 euros». Por su parte, el Kichi dijo que: «Nunca descubrimos América, masacramos y sometimos un continente y sus culturas en nombre de Dios. Nada que celebrar». O sea, que estos dos podemitas han puesto un huevo, y el de Colón, nada menos.

Pero quizá, más que de cacareos, haya que calificar a estas tuitadas de «defecaciones», por mor del estupefaciente Willy Toledo, a quien la Fiesta Nacional le da unos retortijones diarreicos de aquí te espero:

«Me cago en el 12 de octubre. Me cago en la fiesta nacional […] Me cago en la monarquía y sus monarcas. Me cago en el «descubrimiento». Me cago en la Virgen del Pilar y me cago en todo lo que se menea».

Ya lo tenemos: hay quien se mea en la calle, pero a otros les gustaría cagarse en ella. Suponemos que en la acera de la derecha.

Estamos ante el viejo tópico del genocidio perpetrado en América por la crueldad de los conquistadores españoles, perteneciente al universo de la leyenda negra. Es cierto que el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo provocó una tremenda catástrofe demográfica, pero ésta no fue causada por campañas de exterminio sistemático, pues su causa determinante fue la propagación de epidemias por parte de los españoles -especialmente la viruela y el sarampión-, enfermedades infecciosas que provocaron entre un 75 y un 95% de la mortandad indígena.

Los que hablan del genocidio hispano deberían recordar que en aquellos tiempos no había aún ONGs, y nadie hablaba de derechos humanos, excepto el españolísimo Fray Bartolomé de las Casas, llamado el «Procurador o protector universal de todos los indios de las Indias», que escribió memorables defensas de los indígenas:

«¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? […] ¿Cómo los tenéis tan oprimidos y fatigados, sin darles de comer y curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?».

En sus Leyes de Indias, Isabel la Católica prohibía los abusos sobre los indígenas, incluso las sacas de esclavos, prohibidas por un Real Decreto de 1530, cuatro siglos antes de su abolición definitiva.

Pero si los podemitas quieren denunciar genocidios, pueden investigar el ejemplo de algunos países presuntamente civilizados, que además se produjeron en una época donde ya se hablaba de derechos humanos y ONGs, para más INRI.

Por ejemplo, tenemos el caso de Suecia, donde se esterilizó a 230.000 personas entre 1935 y 1996 «en el marco de un programa basado en teorías eugénicas» y por razones de «higiene social y racial», orientado a preservar la «pureza de la raza nórdica».

Lapones, gitanos, poblaciones de raza mixta… ninguna minoría escapó a este horror. Y eso que no eran nazis.

También podrían mirar el caso de la Bélgica del rey Leopoldo II, fundador y único propietario del Estado Libre del Congo, que amasó una enorme fortuna con la explotación del caucho y los diamantes de ese territorio africano, utilizando a la población nativa como mano de obra esclava con una política de tal crueldad, que la mortandad afectó a la mitad de la población, unos 10 millones de personas.

Una campaña de investigación que estremeció a Europa destapó el increíble horror de este genocidio, donde destacó el hecho de que los encargados de las concesiones exigían a los soldados nativos que les llevaran las manos cortadas de aquellos a quienes habían asesinado, para asegurarse de que no habían desperdiciado cartuchos.

Pero el genocidio «guinness» de los récords tuvo lugar en los países comunistas. Por ejemplo, durante la «Gran Purga» de la dictadura comunista, entre 1937 a 1939, se contabilizaron 8,5 millones de detenciones, más de un millón de ejecutados, y más de dos millones de muertos en los campos de internamiento.

Cada vez que un podemita alza grotescamente el puño en alto, me acuerdo de que en ese autobús imaginario a cuya barra van cogidos han ido al cementerio, a las chekas y los gulags millones de personas -rusas, chinas, cubanas, coreanas…- en el mayor genocidio que vieron los siglos.

Como no les gusta el Día de la Hispanidad, pues podrían celebrar el «Día de los Podemitas», tal que el 5 de julio, justo el Día Nacional de Venezuela Patria Querida, organizando un desfile apoteósico con el siguiente orden: los mucuchíes -raza de perros originaria de Venezuela-; flautistas en viril formación; Águeda «Meona» Bañón con su banda de «cheerleaders» «Mojinos escocíos»; Tania Sánchez y sus marjorettes, ataviadas con floripondios venezolanos; las feminazis de la Mendiola embutidas en sus trajes de cuero; las asaltacapillas de Rita «la quemaora» a pecho descubierto; los okupas aporreando selváticos tam-tams; comparsas traídas directamente de caribes venezolanos; indígenas de la selva con plumas estilo «Fort Apache»; tertulianos enseñando el sobaco sudado puño en alto; profes cantando la «internacional»…
Como remate, el Gran Timonel de la coleta, encaramado a una carroza con los ninots de Marx, Lenin, Trotski, Mao y Chávez. Todo muy de orgullo rojo, con mucha bachata, mucho merengue, y mucho mojito.

Ya lo decía Jean François Revel: «El club con más socios del mundo es el de los enemigos de los genocidios pasados. Solo tiene el mismo número de miembros el club de los amigos de los genocidios en curso». Chapeau, maestro.

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