Faltan pocos días para unas elecciones que marcarán un nuevo rumbo

20-D: en manos del mediocre indeciso y del frívolo abstencionista

20-D: en manos del mediocre indeciso y del frívolo abstencionista
Políticos, frivolidad, oportunismo y relativismo moral. Maximino Soriano.

Han atacado a España de la misma forma que arremetieron contra Francia, pero algunos cretinos se empeñan en hacer sangre por la muerte de nuestros dos compatriotas que prestaban sus servicios en Kabul.

En vez de hacer una piña entre todos, algunos políticos y rencorosos analistas quieren sacar réditos del atentado que hemos sufrido. No sirven a España, se doblegan cainitamente a ciertos terminales mediáticos en los que priman exclusivamente sus intereses. Es vergonzosamente corrupto.

Ahora, mientras Nicolás Maduro rebuzna groseramente contra la libertad y la democracia en una Venezuela que no por ser bastante inculta se deja pisotear sus legítimos derechos aunque el Zapatero de turno intente poner una vela a Dios y otra al Diablo, mientras esa dama piernuda que, por cierto, es la viva imagen de una madame de burdel barriobajero, no quiera asumir la derrota tantas veces añorada por los argentinos de pro, Mariano Rajoy transita entre la certidumbre del hombre de Estado y la retranca de su personalidad gallega.

Faltan pocos días para unas elecciones que marcarán un nuevo rumbo, obviamente muy negativo para nuestro país, si España no conserva su estabilidad.

Cada partido tiene ocultas sus propias encuestas. Las que se lanzan en los medios, copiadas unas de otras, se nos antojan que son como un caldo de cultivo para influir en la opinión del votante mayormente visceral.

Lo estúpido surge con el indeciso, el dudoso, con el que no tiene facultad de decidir porque no solo no le han convencido sino porque ni él mismo está convencido que quién es y de lo que representa.

Digamos que es un timorato inútil que nunca dejará poso. Será luego un quejica infructuoso de taberna y de bar, un imbécil que ha dejado sin su voto la posible gobernabilidad del país en el que habita.

Luego está el abstencionista, el vago por doquier, el que no toma parte colectivamente de una decisión pero que puede deslegitimar políticamente unas elecciones.
Con este panorama, se pueden decidir unas elecciones que quiebren aún más el sentido de lo que es España.

Mediocridad y frivolidad pueden ser la clave del 20-D.
Esperemos que el sentido común de los que de verdad van a votar suplan las deficiencias de esos especímenes que a costa de la democracia viven tan ricamente.

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