A la presidenta socialista de Andalucía se le puede 'pasar el arroz'

Susana Díaz pierde fuelle en la pelea por hacerse con el liderazgo del PSOE

La baronesa pretende tomar el poder en el partido pero sin sufrir el trámite de unas primarias

Los vaivenes de su tacticismo están empezando a desquiciar a sus adeptos -entre los que cabe sumar a la mayoría de los barones regionales

Susana Díaz permanece apartada de los focos desde las elecciones del pasado 26 de junio de 2016.

Su calculado repliegue es fruto no sólo de la situación de interinidad en la que ha encallado la política española, sino de su interés en dejar que se desgaste el liderazgo de Pedro Sánchez, especialmente, por el empecinamiento de éste en bloquear la formación de Gobierno.

La presidenta andaluza no ha renunciado a su ambición de relevar a Sánchez. Sin embargo, la indefinición a la hora de confirmar sus aspiraciones no ha hecho más que mermar sus posibilidades.

Como subraya ‘El Mundo’ este 7 de agosto de 2016, en un editorial y en varios artículos, los vaivenes de su tacticismo están empezando a desquiciar a sus adeptos -entre los que cabe sumar a la mayoría de los barones regionales-, aunque eso no significa que haya enterrado sus opciones en la carrera por la secretaría general del PSOE.

El plan de Díaz, tal como publicamos hoy, consiste en beneficiarse del mandato surgido del último Comité Federal, que exhortó a Sánchez a rechazar la investidura de Mariano Rajoy, obstaculizar cualquier posibilidad de un gobierno alternativo con Podemos y los independentistas y, al mismo tiempo, comprometerse a no provocar unas terceras elecciones.

Consciente de la dificultad de cumplir estas exigencias, Díaz confía en que Sánchez salga chamuscado. La decisión del Comité Federal de posponer la celebración de un congreso hasta la formación de Gobierno también le beneficia, en la medida que tendría tiempo suficiente para preparar su candidatura.

Y, para completar su hoja de ruta, Díaz desea la convocatoria de un Congreso Federal sin primarias. Una pretensión coherente con su trayectoria en el aparato del partido, pero incompatible con la democracia interna que aupó a Sánchez a la secretaría general a través del voto de los militantes.

Pero, a estas alturas, Díaz no ha confirmado aún que quiera presentarse al congreso socialista ni tampoco si seguiría ejerciendo de presidenta de la Junta de Andalucía en caso de ser elegida secretaria general del PSOE. Esta ambigüedad da alas a Sánchez, aunque la figura de éste se ha visto zarandeada prácticamente desde que asumió el cargo.

Su posición de debilidad no le ha impedido, pese a todo, afianzarse en el puesto, especialmente, tras someterse a la investidura en marzo. Sánchez fracasó en este intento después de forjar un pacto estéril con Ciudadanos, pero la maniobra le sirvió para consolidarse en el liderazgo socialista y ganar tiempo retrasando la organización del próximo Congreso Federal.

Esta es también una de las razones por las que Sánchez sigue parapetado en el no a Rajoy. Su negativa a la investidura del candidato popular le permite volver a ganar tiempo y, de paso, le granjea una evidente simpatía entre la militancia socialista, reacia a facilitar un gobierno del PP. De ahí que Díaz tenga tanto interés en evitar las primarias.

La posición del PSOE de rechazar la investidura de Rajoy, aprobada en el Comité Federal, ha recrudecido el debate interno en las filas socialistas. La presión a Sánchez es cada vez mayor en su propio partido para que recapacite y facilite la formación de Gobierno si no tiene intención de articular una alternativa.

Antonio Hernando, portavoz parlamentario, afirmó el viernes con rotundidad que ‘nadie va a quebrar al PSOE’. Este encastillamiento ha sido cuestionado abiertamente por referentes socialistas como Felipe González o Javier Solana. Zapatero también pidió anteayer ‘abrir un debate interno’ para repensar la postura del PSOE ante una eventual investidura de Rajoy, una sugerencia respaldada por algunos barones, como el extremeño Vara o el aragonés Lambán.

Sánchez mantiene el apoyo nítido de las federaciones madrileña y castellano-leonesa -de escaso peso orgánico- y del PSC. Díaz no oculta en privado que está a favor de la abstención, pero en público guarda silencio.

El vicepresidente de la Junta, Manuel Jiménez Barrios, mano derecha de Díaz, recordó esta semana que sería un ‘fracaso de todos los partidos’ una nueva repetición de las generales.

La presidenta andaluza no ha dejado de minar en la sombra la autoridad de Sánchez, lo que llevó a Ferraz a amenazar con abrir una gestora en el PSOE andaluz. Pero su problema es compatibilizar su ego con una estrategia que le permita hacerse con el control del Partido Socialista.

Lo relevante, en todo caso, es que el PSOE recomponga su puzzle interno lo antes posible. El principal partido de la oposición, pieza clave de la gobernabilidad del país, no puede volver a ser una alternativa al PP mientras no disipe las dudas alrededor de su liderazgo.

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