El choque de trenes en la formación morada tiene el beneficio de retratar al 'Coletas'

Rebelión en Podemos: Errejón retrata a Iglesias

Compañeros que lo conocen bien, le han lanzado un órdago definitivo que solo puede ganar uno

Rebelión en Podemos: Errejón retrata a Iglesias
Pablo Iglesias y algunos de los dirigentes de Podemos. PD

Lo que dicen los trescientos firmantes en su manifiesto es una enmienda a la totalidad del proyecto de Pablo Iglesias y anuncia un futuro de escisiones y rupturas de la formación morada

LAS críticas de trescientos dirigentes de Podemos contra Pablo Iglesias por planificar un congreso a su medida en el mes de febrero de 2017 son muy graves y, al mismo tiempo, pueriles.

Reprochar a Iglesias que no promueva la democracia interna es pedirle que deje de ser lo que es: un autoritario.

Un admirador de Castro, Chávez y Maduro, que financia su televisión con el dinero de una teocracia islamista, es lógico que no crea en la democracia, ni interna ni externa.

En todo caso, aunque descubrir la evidencia no sea digno de elogio, el manifiesto de los «errejonistas» dice mucho de lo que pasa en Podemos, un partido supuestamente tan joven -pero ideológicamente vetusto- que está ya sufriendo fracturas de este tipo.

No son meras discrepancias, sino un enfrentamiento abierto que va más allá de cómo organizar el congreso de 2017 y que pone al partido en la encrucijada de convertirlo en una formación de ultraizquierda y antisistema o en una izquierda extrema con cierta permeabilidad a otras opciones, que es la idea que representa Íñigo Errejón.

El problema de Podemos es que ambas visiones difícilmente pueden convivir en una misma organización política, porque son incompatibles. Pablo Iglesias encarna el marxismo intransigente y como tal considera que su objetivo prioritario es purgar a sus críticos internos, algo habitual -la purga- en la historia de estos partidos.

El choque de trenes en Podemos tiene el beneficio de retratar a Pablo Iglesias desde dentro del partido, por compañeros suyos que le acompañan desde la fundación del mismo, quo le conocen bien, y por eso le han lanzado un órdago que solo puede ganar uno.

Lo que dicen los trescientos firmantes en su manifiesto es una enmienda a la totalidad del proyecto de Pablo Iglesias y anuncia un futuro de escisiones y rupturas de la formación morada.

A Iglesias no le viene nada bien el parón electoral en España, porque le obliga a una normalidad política y democrática que repudia y que no sabe gestionar. No es que sea bisoño, es que su ideología no tiene encaje en una democracia parlamentaria, porque está deslegitimándola constantemente con apelaciones a «la calle», como si esta fuera una alternativa al Parlamento.

Errejón y sus compañeros no son paradigmas de la socialdemocracia europea, pero sí versiones menos irritadas que la de Iglesias, aunque cualquier diferencia de matiz se convierte en una traición para dogmáticos como el líder de Podemos.

Si el método de dirección de Iglesias en Podemos es la imposición ideológica, la defenestración del adversario y el aplastamiento de la crítica, es muy sencillo -y temible- imaginar cómo gobernaría España.

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