EL CORTITO DE KARADAGIÁN

Carmena llama a la Navidad «la fiesta de la empatía» tras celebrar la absolución de la asaltacapillas Rita Maestre

Los que intoxican la sociedad de discordia, división y sectarismo nos vienen ahora a felicitar la empatía

Si fuera por los podemitas que okupan Cibeles, la Navidad habría que convertirla en una ritual de druidas y sacerdotisas celtas

Una de las mejores formas de identificar a un populista es su afición por la palabrería amanerada, cursi y remilgada. Dado que el populismo es un invento latinoamericano, hijo dilecto del realismo mágico, tiende a desanaturalizar el lenguaje hasta corromperlo.

Acostumbrados a retorcer el diccionario para ocultar sus oscuros intereses, son adictos a la hinchazón retórica, lo que les permite vestir a tiranos sangrientos como Fidel Castro y Hugo Chávez de ropajes igualitarios y democráticos con total desvergüenza. 

El discurso navideño de Manuela Carmena nos ha felicitado la ‘fiesta de la empatía’. Si fuera por los podemitas que okupan Cibeles, la Navidad habría que convertirla en una ritual de druidas y sacerdotisas celtas con el ùnico objetivo de desacralizarla y alejarla de todo significado religioso.

Para la izquierda más cerril se trata de concebir la Navidad sin la religión. No vaya usted a provocar y herir sensibilidades. Esa fue la razón que argumentó Zapatero para vetar durante años el portal de Belén en el Palacio de la Moncloa.

Así, lejos de mencionar la Navidad como la fiesta que conmemora el nacimiento de Jesucristo, Carmena le ha dado la vuelta y ha dicho que es sobre todo «la fiesta de la solidaridad, de la compañía, de la empatía entre unos y otros».

‘Empatía’ es la palabra comodín de la alcaldesa de Madrid. La utilizó después de los atentados terroristas de París en el que abogó por «el diálogo y la empatía». No dijo con quién pero viniendo de una exjueza benévola en sus sentencias con los GRAPO y la ETA nos lo imaginamos.

Muchos suelen ver a Carmena como una entrañable señora mayor a la que de vez en cuando se la va la pinza. Como a una respetable y auténtica demócrata sobrepasada por los batasunos que campan a sus anchas en su partido.

Pero la realidad es que Carmena ha sido el hada madrina de los Zapata, los Soto, las Meyer y las Maestres. El único al que no soporta en su partido es a su concejal de Economía, Carlos Sánchez Mato, al que en privado tacha de ‘bocazas’. A los demás los ha protegido siempre.

Y con esa olímpica desvergüenza con las que desalma a las palabras, Carmena se permite felicitarnos la ‘fiesta de la empatía’ apenas días después de haber celebrado con alagarabía la sentencia que absolvía a Rita Maestre por el asalto de la capilla de la Complutense.

Empatía en el lenguaje de Carmena es aplaudir que las ofensas a los católicos y a las víctimas del terrorismo les salgan gratis a los podemitas. Empatía es repartir carnés de demócratas y franquistas: que si te duele el asesinato de Federico García Lorca, seas un empático demócrata; pero si te duele el de Muñoz Seca, serán un fascista de tomo y lomo.

Empatía es asaltar una capilla al grito de ‘arderéis como en el 36’, okupar pisos en nombre del derecho a la vivienda (y cobrar bajo cuerda del Ayuntamiento de Xavier Trías por ello como Ada Colau) y escrachar a los que no tragan con tus ideas como hicieron Rita Maestre, los hermanos Errejón con Rosa Díez en 2010.

Y si empatizas con terroristas como Arnaldo Otegi ya eres la leche. Los que intoxican la sociedad con discordia, división y sectarismo a cada paso que dan nos vienen ahora a felicitar la empatía. Feliz empatía y feliz solsticio. Porque lo único que hay que celebrar es que después del populismo siempre sale el sol.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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