El complicado papel de los expresidentes en España

¿Va a convertirse Aznar en un problema de los gordos para el PP?

El PP corre el riesgo de meterse en un lío innecesario si realmente se propone regular el papel de los expresidentes del Gobierno.

Por lo pronto, debería determinar si la decisión de José María Aznar de renunciar a la presidencia de honor del partido le afecta o no.

Si no le afecta porque es cosa del pasado, no tiene sentido reaccionar a su decisión con un debate sobre la función de los expresidentes.

Y si le afecta con sus declaraciones tanto como para insinuar una reforma legal de su condición, dará la impresión de que sus diagnósticos no son tan erróneos.

Por eso, cuando este 21 de diciembre de 2016 el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez Maillo, afirmó que el papel de los expresidentes «no está solucionado», situó a su partido en una dinámica estéril: ¿qué es lo que no está solucionado?, ¿acaso es un problema?

Todo expresidente es un ciudadano con plena libertad para opinar sobre lo que quiera y encauzar su vida profesional como crea, mientras respete el estatuto legal. También sus partidos pueden valorar esas opiniones como consideren.

Por otro lado, parece razonable que quienes han presidido el Gobierno y dirigido sus respectivos partidos puedan manifestarse sobre las situaciones actuales. La lealtad no consiste en que González, Aznar y Rodríguez Zapatero solo tengan como alternativa aplaudir o callar a sus sucesores.

En todo caso, el PP ha de ser consciente de que debe elegir bien las prioridades de su acción política y reducir al mínimo el desgaste en objetivos secundarios.

Si Aznar representa un problema para el PP la solución no es imponerle obligaciones o incompatibilidades porque acabará provocando el efecto contrario a su marginación y porque el expresidente ya ha demostrado que no duda en renunciar a cualquier condicionamiento que limite su participación en la vida pública.

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