Cada vez más deslucidos los shows televisivos

Pablo Iglesias pierde fuelle en Podemos y se encanija cada vez que sube a la tribuna del Congreso

A diferencia de lo que ocurrió durante los primeros dos años, los periodistas comienzan a apretar las clavijas a los podemitas

Se acabó la fiesta. Los días de vino y rosas, en las que raro era el canal de televisión que no les ponía alfombra roja y los periodistas no osaban citar sus trapacerías y contradicciones, han concluido.

Y con ese cambio y el choque de la dura realidad, la figura de Pablo Iglesias se ensombrece. Crece la impresión de que cada vez que el líder del Podemos sube a la tribuna del Congreso o intenta hacer ititulares como diputado, se encanija y queda en evidencia (Se le acabó el hiperliderazgo al prepotente macho alfa de Podemos).

El secretario general de los morados se desinfla, y no sólo en el Parlamento, donde su actuación es irrelevante y el hasta unos meses el moribundo PSOE ha conseguido arrebatarle sus más preciadas banderas (Los ‘chupiadolescentes’ de PODEMOS).

Mientras los de Podemos montaban números de circo, se intercambiaban mensajes de amor en las redes sociales y discutían por complejas fórmulas electorales para sus procesos internos, los socialistas les ‘robaron’ la agenda social. Dos ejemplos: la subida del SMI y la pobreza energética (Una pasmada Bescansa recibe de Soraya un terrorífico dato sobre los planes de Podemos).

Para colmo de desgracias del ‘Coletas‘, da la impresión de que erraron quienes dieron por supuesto que el ‘pablismo‘ arrasaría en cualquier consulta a las bases podemitas.

Lo que antes parecía una familia muy bien avenida, adquiere perfiles de panda de mangantes.

Iñigo Errejón no será un adversario fácil de batir, después del resultado de la indescifrable consulta realizada entre la militancia para elegir el sistema de votación de su próximo congreso.

El Número 1 ha fracasado en su primer intento de someter al Número 2. La consulta interna en Podemos ha revelado que hay cierto equilibrio entre el pablismo y el errejonismo, lo que obliga al primero a replantear su estrategia para el congreso de febrero (Podemos se rompe por dentro: Errejón deja sin salida a Iglesias y le obliga a pactar).

El pírrico triunfo de Iglesias -2,4 puntos de diferencia y 2.400 votos-,  refleja división interna. Hay que recordar que Iglesias venía despachando este tipo de votaciones con resultados que no bajaban del 80% de apoyo.

Suponiendo que no sea todo un teatrillo para copar la atención informativa, parece evidente que se ha desatado una lucha por el poder estrictamente personal.

Los partidarios de Errejón votaron sus tesis y los de Iglesias las suyas, pero respaldaban antes que nada a los autores. Y el resultado significa que Iglesias ha perdido liderazgo y no queda legitimado para prescindir de Errejón. Con el partido dividido en dos mitades, excluir a una sí que sería catastrófico.

Siendo eso grave, lo más relevante políticamente es el ‘efecto PSOE‘. En poco más de dos meses, la gestora presidida por Javier Fernández ha logrado enderezar el rumbo del partido y recuperar espacio, a cuenta de Podemos.

Si Pablo Iglesias, que tuvo en sus manos hace justo un año meter a Pedro Sánchez en La Moncloa, jubilar a Mariano Rajoy y convertir a Podemos en la fuerza hegemónica de la izquierda española, pensaba en iba a liderar la oposición al Gobierno, ya tiene que saber que se equivocó.

 El PSOE está dispuesto a apoyarse en el PP para blindar su papel como segunda fuerza más votada y reafirmarse frente a Podemos (La elegante respuesta de Carmona a la rabieta de Podemos: «Si les escuece, que se den crema hidratante»).

Han conseguido que el PP se avenga a hablar de una reforma constitucional que antes repudiaba y que lo haga además sobre la base de un documento suyo -la Declaración de Granada-; han arrancado al Gobierno Rajoy una subida del SMI, una negociación para un pacto por la Educación, una alianza contra la violencia machista y un acuerdo sobre la pobreza energética que impedirá -aunque no se sepa cuándo ni a quiénes- que no se corte la luz a las familias vulnerables.

La estrategia ha dejado tocada y casi hundida a la ‘nueva política’, que lucha ahora por reclamar su espacio en el Congreso. También a Ciudadanos, donde Albert Rivera pensó  facilitar la investidura a Mariano Rajoy le convertiría en socio preferente del trabajo parlamentario, y está comprobando, con notable cabreo, que no será así (El PP se despega, PSOE y Podemos no salen del empate técnico y Ciudadanos se estanca).

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