EL CORTITO DE KARADAGIÁN

Vistalegre II será el calvario del pequeño Stalin de Vallecas

Errejón supo aguantar el revés de Rita Maestre, alzó la voz y plantó cara al 'pablismo' exigiendo votar proyectos y candidatos por separado

A tres años de su fundación, Podemos ya no es esa ‘fábrica de amor’ que acuñó con cursilería marca de la casa Luis Alegre, el hagiógrafo bien pagao de Chávez. Las guerras entre clanes han hecho envejecer muy pronto a la formación que nació para que ‘el miedo cambie de bando’ y triunfe ‘el amor y la sonrisa’.

La mentira duró lo que tardaron en llegar las purgas de los díscolos a los que Iglesias les borró la sonrisa de un bofetazo. Se justificó diciendo que lo hacía para preservar «la belleza del proyecto».

Antes ya lo había dicho el Che Guevara en la ONU en 1964 con toda claridad y ahorrando en horteradas: «Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario».

La purga de Sergio Pascual abrió los ojos a Íñigo Errejón sobre los tics tiránicos de su amigo Pablo. Le hizo ver que Podemos había perdido su virginidad y que los suyos debían dar un paso al frente si no querían ser laminados. El ‘número dos’, más cómodo en el papel de estratega que de líder, tuvo que reconvertirse y preparar la ofensiva.

Iglesias le asestó otro golpe demoledor cuando pactó con Pablo Echenique y los anticapitalistas espacios de poder a cambio de enterrar sus críticas. Reinicia Podemos, la corriente anticapitalista de Miguel Urbán, hizo pinza contra Errejón aliándose con Podemos Escucha, el proyecto de Ramón Espinar, el candidato oficial de Pablo Iglesias para controlar Madrid.

La derrota de Rita Maestre y Tania Sánchez en Madrid ante Espinar casi firma su certificado de defunción dentro de la Podemos pero Errejón supo aguantar, alzó la voz y plantó cara al ‘pablismo’ exigiendo votar proyectos y candidatos por separado en Vistalegre II. Perdió por la mínima pero fue casi una victoria porque le hizo ver a Iglesias que su liderazgo hacía agua.

Vistalegre II será una batalla sin cuartel por el poder dentro de Podemos. Como tal cosa no casa bien con la nueva política, los podemitas lo disfrazan como una guerra de proyectos y estrategias. Errejón quiere pasar del «Podemos de la protesta» al «Podemos de la propuesta». Urban coincide con Iglesias en que hay que crear conflicto y pasar a la ofensiva. «Los cambios se producen antes en la calle y luego, y a pesar de, en las instituciones».

Pero Errejón y Urban coinciden que hay que bajarle los humos al pequeño Stalin de Vallecas y exigen que el consejo de coordinación no se elija a dedo, sino que lo proponga el consejo ciudadano, ni tampoco que el secretario general tenga poderes para cortar cabezas sin tener que dar explicaciones. Si Vistalegre I fue la entronización del ‘macho alfa’, Vistalegre II promete ser su calvario.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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