El exministro socialista tenía todos los papeles del Yak-42, Trillo y el Ejército se los entregaron

Conteste sobre el Yak-42, señor Bono

El sectarismo político ya ha escrito suficientes páginas negras a cuenta de las tragedias

Conteste sobre el Yak-42, señor Bono
José Bono (PSOE). PD

Volver a las páginas negras del sectarismo sería una irresponsabilidad y, para un patriota como Bono, una deslealtad con España

JOSÉ Bono está experimentando en carne propia la máxima de que «uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras».

Afirmó tener en su poder documentos originales que podrían aclarar el siniestro del Yak-42, declaración hecha en el contexto de un duro ataque de Bono a su predecesor, Federico Trillo, y aprovechando la estela del controvertido dictamen del Consejo de Estado sobre las responsabilidades patrimoniales de la Administración Central por el accidente que costó la vida a sesenta y dos militares españoles.

Apurando su afición por el protagonismo informativo, el también ex presidente de Castilla-La Mancha aseguró que tuvo que forzar un armario para acceder a documentos sobre el Yak-42.

Salvo que quiera quedar como un charlatán, Bono debe atender el requerimiento que le ha dirigido la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, para que entregue esa documentación, que en ningún caso debería estar en el archivo privado de un exministro, sino bajo el control del ministerio y a disposición del juzgado que investigó la tragedia y de cualquier autoridad que tenga la obligación de esclarecerla.

Bono se ha expuesto innecesariamente en un debate que no le incumbía, víctima de su ego. Por eso, ahora debe asumir las consecuencias entregando la documentación que se le ha requerido y explicando ciertos detalles extravagantes, como el de esa cerradura que tuvo que forzar, porque es un hecho negado públicamente por quien era coronel responsable de ese archivo y que estaba presente en la incautación de documentos que llevó a cabo el exministro.

Las responsabilidades legales y patrimoniales por el accidente están saldadas y caducada la participación política -más bien oportunista e inquisitorial- de Bono en la gestión posterior del suceso.

Cospedal ha pedido perdón en nombre del Gobierno y del Estado y ha abierto una investigación interna para hallar las respuestas pendientes. Los familiares de los militares muertos han empezado a sentir el alivio que les faltaba.

Irrumpir ahora en este doloroso episodio para crispar más los ánimos de las víctimas y atacar alevosamente a su predecesor es una conducta que descalifica a quien la ha realizado.

Si la voluntad de Bono es poner luz en los ángulos oscuros del Yak42, no debe dudar en salir de nuevo a la palestra y contar lo que sabe, con los papeles por delante, porque ahora su silencio ya no es un acto de discreción, sino un acta de acusación contra él mismo.

El sectarismo político ya ha escrito suficientes páginas negras en España a cuenta de las tragedias, fueran terroristas, como el 11-M o accidentales, como el Yak-42. Volver a ellas sería una irresponsabilidad y, para un patriota tan acrisolado como Bono, una deslealtad con España.

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