Ignacio González lideraba una trama corrupta en torno al Canal de Isabel II

Estalla el antiguo PP de Madrid, inflado por la corrupción y el chalaneo

El principal desafío de Cristina Cifuentes como actual presidenta autonómica es marcar una drástica línea divisoria con la oscura gestión anterior

Estalla el antiguo PP de Madrid, inflado por la corrupción y el chalaneo
Ignacio González. PU

El juez acusa a Ignacio González de asociación ilícita, administración desleal, fraude, blanqueo, malversación, cohecho, prevaricación y corrupción

LA detención del expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, y de una quincena de personas vinculadas a una trama de corrupción en el Canal de Isabel II, ha vuelto a convulsionar al PP, incapaz de zafarse de esa inmensa carga de abusos delictivos que arrastra.

Las dificultades para que el PP pueda pasar página son cada día mayores porque la palestra pública de los Tribunales está repleta de actuales y antiguos dirigentes del PP expuestos a la depuración de responsabilidades judiciales.

En el caso de González, como en el de todos los políticos investigados, conviene imponer buenas dosis de prudencia para que la vulneración de la presunción de inocencia no llegue a producirse.

Sin embargo, los indicios detectados por la Audiencia Nacional son muy graves. Se trata de un aparente desfalco masivo a las cuentas de la principal empresa pública dependiente de la Comunidad de Madrid, el Canal de Isabel II, cuando fue presidido por González.

La relación de los delitos detectados -cohecho, prevaricación, malversación de caudales públicos, administración desleal, organización criminal, falsedad documental y blanqueo de capitales- no deja lugar a dudas sobre la magnitud de la investigación.

González se une así al «club» de presuntos corruptos que durante años convirtieron al PP de Madrid en un foco de sucias sospechas. Francisco Granados, Alberto López Viejo, Salvador Victoria, y ahora González, fueron estrechos colaboradores de Esperanza Aguirre y hoy no basta con alegar que traicionaron su confianza.

No es suficiente argumento sostener que algunos de sus subordinados le salieron «ranas» por enriquecerse ilícitamente.

Bien por no vigilar sus pasos o por indolencia a la hora de atajar conductas que pueden ser o no delictivas, pero que son intolerables en cualquier caso, Aguirre cometió errores políticos de bulto en la gestión interna de sus Gobiernos, y debe asumirlos.

El principal desafío de Cristina Cifuentes como actual presidenta autonómica es marcar una drástica línea divisoria con la oscura gestión anterior.

Este 19 de abril de 2017 declaró como testigo ante el juez y se ratificó en la denuncia que personalmente presentó meses atrás por este caso.

Su colaboración con la Justicia es innegable y sería un error que Ciudadanos se prestase al juego de Podemos o del PSOE de plantear una moción de censura.

A Cifuentes le será difícil compatibilizar su ánimo regenerador en el PP madrileño con la amplia sombra de corrupción que le precedió, y tendrá que convivir con esta contaminación.

Pero cualquier otra conducta que no sea ayudar a la Fiscalía sería irresponsable.

El PP seguirá sufriendo las consecuencias de episodios escandalosos de corrupción por mucho que pertenezcan al pasado. Ofrecer colaboración y transparencia es su única alternativa para que la etapa que inicia Cifuentes tenga credibilidad para el PP.

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