Mariano Rajoy ha salido reforzado del debate, aunque con un severo toque de atención

España no quiere experimentos ni presidentes zarrapastrosos

Se ha hecho todavía más evidente la incapacidad del PP para reconducir su discurso contra la corrupción

España no quiere experimentos ni presidentes zarrapastrosos
El portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando, es felicitado por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. EP

Podemos ha visto cómo sus repetitivos argumentos dejan de surtir mucho efecto, y cómo su ambición genera más desconfianza que expectativas

TAL como estaba previsto, la moción de censura planteada por Podemos contra Mariano Rajoy resultó un fiasco para los intereses de Pablo Iglesias.

La votación arrojó el desolador resultado de verse apoyado exclusivamente por socios tan poco recomendables como Bildu, ERC y Compromís, lo cual refleja el aislamiento sectario y extremadamente radicalizado con que cuenta Iglesias.

La primera conclusión de esta extemporánea moción de censura es que difícilmente logrará Podemos en el futuro alcanzar la presidencia del Gobierno, lo cual es una buena noticia.

La segunda conclusión es el papel subalterno que ha adoptado Podemos respecto al PSOE, mendigando prácticamente que en los próximos meses sea Pedro Sánchez quien promueva otra moción, aunque iniciativas tan drásticas hayan resultado fallidas las tres veces que se han planteado en nuestra democracia.

Iglesias deberá meditar si el beneficio que le produce marcar la agenda política con sus golpes de efecto, con su visión de la políticaespectáculo, y con iniciativas tan propagandísticas como inútiles, es superior al perjuicio que le supone ver cómo el resto del Parlamento no cae en la trampa de optar entre él o la «extrema derecha corrupta».

Podemos ha visto cómo sus repetitivos argumentos dejan de surtir mucho efecto, y cómo su ambición genera más desconfianza que expectativas.

A su vez, Rajoy ha salido reforzado del debate, aunque con un severo toque de atención, mayoritario y realista, sobre la incapacidad del PP para reconducir su discurso contra la corrupción.

No es un asunto menor. Desde ahora, habrá unos meses de estabilidad política, el PP sacará adelante los Presupuestos y las perspectivas económicas son muy optimistas. Sin embargo, el desafío secesionista catalán y la gestión política para impedirlo marcarán el devenir de la legislatura.

De hecho, y sin haber estado presente en la moción, es Pedro Sánchez quien va a adquirir un protagonismo determinante. Ayer, su nuevo portavoz, José Luis Ábalos, recogió el guante de Podemos para una futura colaboración, pero también dejó claro que el PSOE quiere ganar elecciones y no mociones de censura forzadas, en las que tendría que pactar con ERC o Bildu, con el desgaste que conllevaría para su electorado más moderado.

Negociar el Gobierno de España con quien quiere romperla nunca debería ser una opción legítima para el PSOE. Ni siquiera una tentación. Sin embargo, los socialistas abrieron puertas a futuras alianzas con Podemos, lo cual es preocupante.

Rajoy lo sabe de sobra, pero cuenta con la doble ventaja de que Sánchez parece haber aprendido de la nula fiabilidad de Podemos, y de que Iglesias y Albert Rivera son irreconciliables. Su encarnizada pugna, incluso personal, así lo demostró ayer en el Congreso.

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