EL ESTADO, CON SUS JUECES

El Gobierno Rajoy tiene que echarle pelotas y volcarse en apoyo del juez Llarena

El Gobierno Rajoy tiene que echarle pelotas y volcarse en apoyo del juez Llarena
El juez Pablo Llarena (TS). EF

EL magistrado Pablo Llarena hará lo correcto si plantea una cuestión prejudicial ante el Tribunal Superior de Justicia de la UE, para que este órgano sopese si la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein de no admitir la entrega de Puigdemont por el delito de rebelión es compatible con los valores de confianza recíproca entre los Estados miembros de la UE.

Con este recurso, el Tribunal Supremo paralizará el procedimiento de la euroorden en Alemania y obligará a los socios europeos a pronunciarse sobre la extralimitación de los jueces alemanes.

Así, todos sabremos a qué atenernos y qué precio hay que pagar por la cooperación judicial. Y, sobre todo, si el precio merece la pena.

Entre tanto, la decepción alemana debe servir de acicate para que el Estado se rearme políticamente dentro y fuera de nuestras fronteras.

Como subraya ‘ABC‘ en su editorial este 7 de abril de 2018, el separatismo anticonstitucional sigue siendo el mismo adversario que antes de ayer y su derrota tiene que elevarse a política de Estado, que implique a todos sus poderes, cada uno desde sus competencias, y a los partidos constitucionalistas.

Jueces que, como los del Supremo, están liderando la respuesta de las instituciones y la democracia contra el golpismo tienen que sentirse respaldados por un proyecto de Estado que reclame respeto en Europa. Y el primer comprometido ha de ser el Gobierno de la Nación, que debe corregir errores e inacciones y desplegar en el exterior mucha más labor pedagógica para no ceder a los golpistas todo el relato ante la opinión pública extranjera, como ha venido ocurriendo hasta ahora.

Este proyecto debe construirse sobre un consenso comprometido con la defensa de la Constitución, lo que implica abordar con valentía las carencias que ha provocado el control nacionalista sobre el Estado autonómico.

El PSOE y Cs deberían dejar a un lado su obsesión por desbancar al PP y abrirse a un nuevo gran acuerdo de ambición constituyente para que la igualdad entre los españoles sea efectiva.

Poder estudiar en castellano, que las sentencias y leyes se cumplan o vivir la ciudadanía española en todo el territorio sin restricciones debieran ser realidades tangibles. Estamos en ese punto de la historia en el que es necesario derrotar al separatismo para que España retome su proyecto nacional y europeo.

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