LAS DEUDAS PENDIENTES DE ETA

Si esos asesinos etarras no tenían perdón de Dios, quiénes son los políticos para perdonarlos

ETA declarará un «final» sin arrepentimiento ni colaboración para esclarecer atentados pendientes

El documento de 38 páginas impulsado por David Pla, debatido y avalado en las cárceles, no habla de «disolución» ni «desaparición» y reconoce el fracaso de la organización.

LOS presos de ETA han aprobado un extenso documento para poner guion al acto del próximo viernes, en el que pretenderán solemnizar su desaparición como una decisión voluntaria.

El documento, al que ha tenido acceso ABC, ha sido defendido por el actual jefe de la organización terrorista, David Pla, y documenta, negro sobre blanco, las miserias morales de la banda, que ni se arrepiente ni se propone colaborar con la Justicia. ETA sigue instalada en un proceso voluntarista de transformar su derrota en un abandono de la violencia.

Pero el hecho de que el debate sobre ese documento se haya producido en las cárceles demuestra que la realidad de la derrota es inamovible. El empeño en autojustificarse históricamente, en seleccionar las víctimas a las que pide perdón y en omitir cualquier autocrítica es un esfuerzo inútil para no asumir que han sido vencidos y que su única preocupación es excarcelar a los presos y acomodarse en la vida política.

Por eso, la derrota policial de ETA debe complementarse con la derrota histórica y social. Que el terrorismo haya sido derrotado no significa que el ensalzamiento del terrorismo devenga impune. Que ETA no mate no significa que los asesinos hayan dejado de serlo.

Que busquen hacer política no significa que la política tenga hueco para apologistas de la violencia.

El mayor error que pueden cometer las instituciones, los partidos y la opinión pública es dar a estos estertores de ETA una importancia que no tienen. Falta mucho perdón por pedir, reparación a las víctimas, reconocimiento del daño injusto causado a España y colaborar con la Justicia para esclarecer casi 300 asesinatos.

Las deudas de ETA no están saldadas y recordarlo no es venganza, sino el imperativo ético de la más elemental justicia que claman sus novecientas víctimas mortales.

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