ETA RECOGE SUS ESCOMBROS

Ni olvido ni perdón para los asesinos etarras

La democracia española no debe caer en la trampa de creer que es hora de la benevolencia para cerrar el «conflicto»

Ni olvido ni perdón para los asesinos etarras
Víctimas de ETA. EP

LA carta remitida por ETA a diversas instituciones internacionales, y en la que comunica la disolución de «todas sus estructuras», responde nuevamente a la voluntad de la organización terrorista de solemnizar su paso final con la apariencia de una decisión unilateral, y no como lo que es: la consecuencia de su derrota. Realmente ETA no se disuelve, sino que se limita a recoger sus escombros, frutos de la ruina en la que se encuentra.

Los terroristas quieren aparentar una capacidad política de la que carecen con la finalidad de gestionar su certificado de defunción. El tono de ETA en la carta fechada el 16 del pasado mes es de autojustificación y victimismo ante la falta de respuesta de España y Francia a sus ofertas de negociación.

Nada nuevo, en definitiva, sino más de lo mismo, con variantes literarias que reinciden en su propósito de buscar una transición hacia la actividad política, apelando al «pueblo», como si reclamara un plebiscito para sus cincuenta años de terrorismo, y ofreciendo su «compromiso» para participar en la nueva etapa que se abre.

Pero ETA no debe tener una nueva etapa, ni nuevas oportunidades. Si anuncia el fin de su ciclo, corresponde al Estado garantizar que sea así, pero con todas las consecuencias.

ETA aún tiene que asumir responsabilidades penales por cientos de crímenes pendientes de justicia antes de que prescriban. Falta el perdón absoluto e incondicional a todas las víctimas y el repudio por el terrorismo que ha practicado. No hay que rebajar las exigencias a los terroristas por el hecho de que ahora anuncien como disolución lo que el Estado les impuso como derrota.

La paz no dependerá de que ETA, se llame como se llame en el futuro, participe en la vida política del País Vasco, sino de que sea sometida el juicio de la ley por sus crímenes atroces. La democracia española no debe caer en la trampa de creer que es hora de la benevolencia para cerrar el «conflicto».

Por el contrario, es hora de recordar los beneficios de la política de dispersión de presos, de la ley de Partidos Políticos, del cumplimiento efectivo de las condenas, de la cooperación con Francia, de la movilización social, del pacto antiterrorista de 2000, porque estos son los esfuerzos que han conducido a la derrota de ETA. Sin ellos, los terroristas seguirían asesinando a día de hoy.

ETA quiere acaparar el protagonismo de esta semana, que culminará mañana con el acto en la localidad francesa de Cambo-les Bains. Está dosificando sus apariciones ante la opinión pública como si tuviera una agenda política propia.

La carta que este 2 de mayo de 2018 se hizo pública y los sucesivos mensajes de hoy y mañana van dirigidos al sector radical del nacionalismo vasco para avisar de que ETA quiere transformarse para asumir un papel político. Hay que celebrar la derrota de ETA, pero no que pretenda engañarnos.

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