NI MOCIÓN, NI GOBIERNO BLOQUEADO

¿Y si al final, como siempre, Rajoy se la mete doblada a Sánchez?

Aunque sea para organizar un final de legislatura ordenado, el PP debe asumir la iniciativa frente a los acontecimientos y no esperar a que estos le pasen por encima

A falta de datos, hay que buscar claves en la prisa. La decisión de Ana Pastor de debatir la moción de censura en la primera fecha hábil posible indica que el PSOE la tiene perdida, que el PNV ha bajado el pulgar en privado y le dará al Gobierno el oxígeno que necesita.

Como a Mariano Rajoy, experto en resistencia, es difícil atribuirle intenciones autodestructivas, la conclusión más lógica invita a pensar que alberga la certidumbre de salir con vida.

La moción de censura del PSOE recibió este 28 de mayo de 2018 dos impactos en su línea de flotación; uno, con el aviso de Ciudadanos de que votarán en contra si el candidato es Pedro Sánchez y otro, con la exigencia de los barones socialistas de que su líder no pacte con los partidos independentistas.

A medida que se acercan los días señalados para las dos sesiones de la moción socialista contra Mariano Rajoy, más evidente se hace su inviabilidad política, fruto de esos movimientos de montaña rusa a los que se ve periódicamente sometido el PSOE por las improvisaciones de Pedro Sánchez.

Esta moción de censura es un ejercicio agónico de protagonismo de un líder que mantiene a su partido en mínimos históricos y que solo va a conseguir remarcar aún más su debilidad, cualquiera que sea el resultado de la moción. Si es rechazada, será un fracaso más en su larga lista de tropiezos.

Pero si es aprobada, Pedro Sánchez tendrá que comparecer día tras día ante la opinión pública como el portavoz de una coalición que incluye a proetarras y separatistas militantes, a nacionalistas oportunistas y ultraizquierdistas que desean fagocitar al PSOE.

Sánchez ha sucumbido a su pulsión por llegar a La Moncloa como sea y comprobará que no todo vale para ganar al adversario.

El fracaso de la moción de censura es deseable porque el concierto de votos que requiere hace mucho peor el remedio que el problema que pretende solucionar.

Aunque la intentona socialista acabe en fracaso, la inestabilidad de la legislatura estará lejos de haber terminado.

Si la moción de censura no sale adelante, el Gobierno y el Partido Popular quedarán inmediatamente emplazados a tomar la iniciativa política en el escenario real que conforma su ya evidente minoría en el Congreso de los Diputados, y no en el voluntarismo de sus comunicados oficiales.

Esta legislatura está recluida en un callejón de muy difícil salida, aun cuando el Gobierno haya podido aprobar los Presupuestos Generales de este año. Si el Ejecutivo y el PP insisten en reducir su oferta a los españoles a una política puramente económica volverán a demostrar que siguen sin entender lo que está sucediendo en la opinión pública española.

Albert Rivera ya no piensa más que en elecciones anticipadas porque sabe que la iniciativa sanchista también va dirigida a achicarle el campo. Como no la puede apoyar sin que se le escapen los votos de derecha que lleva captados, el mantra del adelanto es la única opción que le queda para buscarse un espacio.

Si no encuentra quien le preste los tres diputados que le faltan para su propia moción, volcará su esfuerzo en acelerar el deterioro del mandato y el PP se encontrará en el Congreso frente a una mayoría de oposición empeñada en calcinarlo.

Aunque sea para organizar un final de legislatura ordenado, el PP debe asumir la iniciativa frente a los acontecimientos y no esperar a que estos le pasen por encima, como lleva sucediendo los últimos años.

En democracia, los partidos y los gobiernos deben solventar sus crisis con audacia, lo que significa en muchas ocasiones renovación estructural, regeneración de líderes, cambio de imagen y de mensajes y preguntar a los ciudadanos en las urnas.

La opinión pública no imparte justicia legal, sino veredictos democráticos, y los populares deben dejar de responder aferrados al mantra de la economía, salir a la calle y afrontar su crisis con valentía.

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