ANÁLISIS

Pablo Casado: Ha nacido una estrella y llega con ideas

El ciclo de la neutralidad ideológica se ha acabado en el PP y es algo que hay que agradecer a su nuevo líder

Pablo Casado: Ha nacido una estrella y llega con ideas
Pablo Casado YT

España necesita una confrontación de ideas real, no maquillada

Ha nacido una estrella. Pablo Casado, de 37 años (la misma edad con la que José María Aznar accedió al liderazgo del PP), será el próximo presidente del partido y candidato por el partido a la presidencia del Gobierno.

Casado propone un rearme ideológico, dar la batalla a la Izquierda en el terreno de los valores y las ideas, es decir, en el terreno de los medios que han abandonado no sólo Rajoy y Soraya sino también Aznar desde el año 2000.

El Partido Popular ha arriesgado y ha ganado. Su apuesta por las primarias lo expuso a una situación inédita en su historia, que asustó a unos cuantos, pero ilusionó a la mayoría de sus militantes.

Ni estos ni sus compromisarios han dejado pasar la ocasión de abrir un nuevo ciclo en el PP. Esto es lo que representa la victoria, clara y sin paliativos, de Pablo Casado frente a Soraya Sáenz de Santamaría. Los llamamientos de la exvicepresidenta a los compromisarios para que mantuvieran el voto de los afiliados, que le fue favorable frente a Casado, no surtieron efecto.

Menos aún después de que escucharan el discurso del nuevo presidente del PP, una intervención memorable por su forma y por su contenido, convincente y con una carga ideológica que sirvió para liberar al partido de la mordaza de los complejos.

Casado habló del derecho a la vida, de la familia, de la natalidad y de España -valores que no hemos dejado de defender y reivindicar en estas páginas editoriales- a unos compromisarios que probablemente no recordaban cuándo fue la última vez que oyeron hablar de esas referencias identitarias del PP. El pragmatismo político del discurso de Sáenz de Santamaría sonó demasiado a continuidad, cuando este 21 de julio de 2018 se estaba decidiendo otra cosa muy distinta.

Contra el pragmatismo. La victoria de Pablo Casado saca al PP del conformismo plano en el que se había instalado con el

discurso de que sólo tocaba hablar de economía y empleo. En ambos capítulos, el Gobierno de Rajoy ha sido un éxito, pero la relegación de la ideología era algo que los militantes del PP permitían a Rajoy, pero no a Sáenz de Santamaría. El ciclo de la neutralidad ideológica se ha acabado en el PP y es algo que hay que agradecer a Casado.

España necesita una confrontación de ideas real, no maquillada, entre modelos de sociedad, de justicia, de educación, de sanidad y de valores. El PP se adaptó excesivamente a la idea de que convenía mantener un perfil bajo para no encrespar a la izquierda y provocar su movilización.

Esta teoría ha sido un fracaso y es lo que explica la ilusión masiva que provocó el discurso de Casado a los compromisarios. Finalmente, la adhesión de los candidatos derrotados en la primera vuelta a la candidatura de Casado dio a este una victoria muy holgada, de más de 15 puntos y 450 votos. Este resultado admite interpretaciones, que para ciertos dirigentes del PP tendrán efectos muy duros, de término en su vida política.

Aunque la voluntad de Casado es la integración del equipo de Sáenz de Santamaria, hay derrotas perfectamente individualizables que invitan a la retirada, sobre todo la de aquellos que encresparon los ánimos con descalificaciones gratuitas. Hay un fin de ciclo político general en el PP y muchos fines de ciclos personales. Recuperación de ideas.

La victoria de Casado implica una recuperación de ideas y una renovación de personas, y solo si se entiende así por parte de dirigentes y cuadros del PP este partido podrá aprovechar el impulso de este proceso de democracia interna.

Es evidente que Casado va a convivir con la acusación de que va a derechizar al partido, pero también lo es que se limitó a reivindicar ante los compromisarios las ideas fundamentales que estaban en el programa electoral de 2011, con las que el PP logró su última mayoría absoluta.

El problema del PP fue que decidió convertir en tabú la mayoría de sus ideas-fuerza. Casado ganó este sábado porque ofreció un nuevo proyecto de partido, mientras que Sáenz de Santamaría perdió por ofrecer victorias electorales inciertas sin sanear previamente el partido.

También ganó Casado porque defendió su proyecto con un estilo kennediano, mirando a los compromisarios, con frases impactantes y un estilo directo. Cuajó su discurso con contenidos ideológicos que luego desgranó en su intervención -ya proclamado vencedor-, convertida en un programa de gobierno ilusionante para un partido que quiere volver a ganar las elecciones como representante del centro-derecha.

Un político joven, sin vínculos con la corrupción, sin el desgaste del gobierno, sin hipotecas, habló con el mejor lenguaje liberal y conservador de los asuntos importantes de España, desde el vínculo atlántico a la reforma constitucional, pasando por el Estado del bienestar y la familia.

Integrar y liderar. Ahora el PP espera que Casado cumpla con su eslogan «si yo gano, nadie pierde», porque un 42 por ciento de los compromisarios optó por Sáenz de Santamaría, que merece también un respeto, por su trabajo en estas primarias y su valía.

Tan clara fue la victoria de Casado como es su obligación de recuperar para el PP el espíritu de su refundación en 1990, basado en la integración de todo lo que está a la derecha del PSOE.

Hace falta que Casado demuestre con hechos que el PP «ha vuelto», porque la izquierda se ha lanzado a ejecutar en el seno de la sociedad sus proyectos más divisorios.

Su discurso inicial ante los compromisarios lo ha hecho líder. Ahora tendrá que ejercer ese liderazgo frente a una izquierda militante.

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