ANÁLISIS

A Pedro Sánchez ‘El Breve’ no le llega ya la camisa al cuello

Su incapacidad para gestionar las cuentas públicas agrava de forma muy sustancial la inestabilidad sobre la que se asienta el Ejecutivo

A Pedro Sánchez 'El Breve' no le llega ya la camisa al cuello
Pedro Sánchez en La Moncloa (PSOE). EF

La derrota que cosechó este 27 de julio de 2018 Pedro Sánchez después de que el Congreso tumbara su nueva senda fiscal vuelve a poner de manifiesto la debilidad del actual Gobierno, cuyo mantenimiento en el poder sigue pendiendo de un hilo (Pedro Sánchez, revolcón tras revolcón hasta el desastre final: la semana fatídica que le deja muy tocado ).

Los objetivos de déficit propuestos para los tres próximos ejercicios, acordados previamente con Bruselas, tan solo obtuvieron 88 votos a favor, los del PSOE y los cuatro del PNV, de modo que fueron rechazados gracias a la abstención de Podemos y los separatistas catalanes, así como a la negativa del resto de grupos.

Se trata de la segunda gran derrota parlamentaria que sufre Sánchez en las últimas semanas tras su frustrado intento por renovar la cúpula de RTVE (Un Guardia Civil hunde con una brutal carta a Pedro Sánchez el ‘okupa’ y a Podemos).

Además, este varapalo es muy significativo, ya que, siendo la política presupuestaria el eje de acción de cualquier gobierno, su incapacidad para gestionar las cuentas públicas agrava de forma muy sustancial la inestabilidad sobre la que se asienta el Ejecutivo.

Esta votación evidencia la dificultad que tendrán los socialistas para aprobar los Presupuestos de 2019, clave en su estrategia para agotar la legislatura.

Asimismo, si el Congreso mantiene su veto a la senda de déficit, Sánchez tendrá que gobernar el próximo año bajo los límites fiscales que aprobó el Ejecutivo del PP y que tantas críticas levantaron entre las filas socialistas cuando ocupaban la oposición, ahondando así en la hipocresía y la contradicción interna en la que vive instalado el PSOE.

Ante tales mimbres, no es de extrañar, por tanto, que se empiece a barajar la posibilidad de adelantar las elecciones, tal y como dejó entrever hace escasos días la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá.

La minoría que ostentan en el Congreso, con apenas 84 diputados, y la mezcolanza de intereses que blanden sus socios están dando como resultado el mandato más incierto de la democracia, con todo lo que ello supone para el conjunto del país.

Sánchez es preso de sus aliados. Mientras los independentistas tensan la cuerda con el fin de lograr concesiones en su particular deriva soberanista, el partido de Iglesias apuesta por una política de máximos, a sabiendas de que sus propuestas son de imposible cumplimiento, para tratar de diferenciarse del PSOE en la particular pugna que mantienen ambas formaciones por hacerse con el control de la izquierda.

La ambición de Sánchez por gobernar a cualquier precio ha terminado conformando una variable y voluble coalición de socios cuyo único denominador común consiste en desalojar al PP del Gobierno, pero cuyos objetivos nada tienen que ver con el interés general del país ni el bienestar del conjunto de los ciudadanos.

Todo ello demuestra, una vez más, que la intención de Sánchez no ha sido otra que utilizar el poder en beneficio propio, valiéndose de las instituciones para orquestar una campaña electoral y, de este modo, subir en las encuestas. Nadie puede gobernar sin votos ni mayorías.

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