ANÁLISIS

Pedro Sánchez, ambicioso e irresponsable, coquetea con la idea de un referéndum en Cataluña

Una propuesta inviable, dañina y destinada en exclusiva a calmar a sus socios independentistas

Pedro Sánchez, ambicioso e irresponsable, coquetea con la idea de un referéndum en Cataluña
Pedro Sánchez (PSOE). EP

Jugar con la idea de cualquier referéndum en pleno auge del desafío soberanista es suicida y criminal en un presidente de España

En la víspera de que, muy probablemente, Quim Torra anuncie sin ambages su hoja de ruta independentista y a una semana de una Diada transformada en aquelarre separatista; el presidente del Gobierno jugó peligrosamente con la idea de impulsar un referéndum en Cataluña.

Que lo ciñera más al autogobierno que a la independencia es adjetivo; lo sustantivo es que utilizó un sinónimo de consulta para agradar a sus socios de moción de censura justo cuando éstos van a renovar un desafío con el mismo objetivo que el pasado octubre pero distintos medios, exclusivamente para esquivar la aplicación de otro 155 y el procesamiento judicial de sus cabecillas.

Es simplemente irresponsable que Pedro Sánchez juegue con las palabras y los conceptos de esa manera, calculadamente interesada, y que pretenda que le suenen a la vez a cosas distintas según quienes sean los receptores: a los independentistas, a algo parecido a lo que ansían; y al resto de españoles, a una propuesta intermedia compatible con la Constitución.

La reforma de un estatuto ya tiene un procedimiento fijado con unos trámite precisos que no necesitan de la aquiescencia del Gobierno: citar como aportación personal un supuesto referéndum de convalidación de esa ley autonómica del mayor rango es una falacia y una obviedad, salvo que se aspire con ello a parecerse, siquiera retóricamente, a lo que reclama el soberanismo.

Y muy probablemente sea ésa la inquietante intención del presidente, incapaz de entender que este desafío no se contesta sólo con leyes, sino también con conceptos. Un referéndum de secesión es ilegal y, en el caso de no serlo, sus consecuencias son inútiles: la Constitución ya define cuál es el camino para modificar la composición territorial de España, que incluye la disolución de las Cámaras, previa reforma respaldada por dos tercios del Congreso, y la convocatoria de una consulta nacional.
La última trampa de Podemos

Es inviable, sin más, y tanto Sánchez como Torra lo saben. Pero al segundo le viene bien mantener la tensión al objeto de liderar al bloque independentista, socialmente en auge. La cuestión es que al primero tal vez le venga bien también para mantener sus escuálidos apoyos parlamentarios y alargar al máximo la legislatura; pero es evidente que a España eso le daña.

Resulta dramático comprobar, por enésima vez, que los intereses y cálculos individuales de Sánchez están muy por encima de las necesidades del país que preside. Y que siempre estará dispuesto a todo con tal de defender sus expectativas más allá de lo presentable.

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