ANÁLISIS

Cataluña: otro número cómico en el circo político catalán

Cataluña: otro número cómico en el circo político catalán
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC). EF

Si grotesca fue la comparecencia en la víspera de Juntos por Cataluña y ERC -cual dúo cómico intentando explicar el sainete del primer pleno del curso político- tampoco defraudó ayer a los aficionados al esperpento la escenificación de presunta unidad que dieron Torra y Aragonès, primeros espadas de la pinza separatista que declararon que el Ejecutivo catalán se encuentra «fuerte y unido, al menos hasta el día de las sentencias» del 1-O.

Naturalmente es falsa esa unidad.

Se trata solo de una solución de compromiso ante el cisma en el que se encuentra el separatismo, que a cada paso encuentra una discrepancia interna sobre los tiempos, los métodos o la estrategia.

Un día sale Torra lanzando un nuevo chantaje al Estado y sus socios se enteran en ese momento; al día siguiente se desdice y los socios le critican por flojear.

Un día los golpistas presos pueden votar en el Parlament, al siguiente no y al otro delegan su voto, ante el asombro de los letrados que no dan abasto de poner pegas a las trapacerías de Roger Torrent, presidente de la Cámara autonómica.

La clave es que Torra no ofrece otra cosa que trabajar para «hacer efectiva la república», no hay otra iniciativa, nada se conoce sobre medidas para crear empleo, mejorar servicios y atenciones a los catalanes… todo está orientado a la causa soberanista que, al parecer y como dijo Torra, incluirá «ataques al Estado».

Por eso, la «estrategia de la distensión» de Sánchez es una pérdida de tiempo con la que solo trata de hacerse el simpático a los ojos de los separatistas, que parezca que el «malo» era Rajoy porque «el diálogo es el camino».

Más allá de la farfolla dialéctica de Sánchez ¿cuáles son los avances logrados?, ¿han renunciado a algo? Torra se lo volvió a dejar claro a Sánchez este mismo 5 de octubre de 2018:

«El objetivo es levantar la república del 1-O».

Lo peor de todo es que el líder socialista parece que piensa más en cómo aguantar en La Moncloa (para lo que no puede enfadar a sus socios separatistas en las Cortes) que en el interés general de España.

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