ANÁLISIS

Gibraltar: Theresa May y la UE se la meten doblada a Pedro Sánchez y el socialista cacarea

El acuerdo alcanzado es un precario remiendo que apenas tapa las carencias diplomáticas de España expuestas durante estas semanas

Gibraltar: Theresa May y la UE se la meten doblada a Pedro Sánchez y el socialista cacarea
Pedro Sánchez, Theresa May, Gibraltar y la UE. AC

EL Gobierno socialista debe recibir un voto de confianza por el acuerdo que este 24 de noviembre de 2018  anunció Pedro Sánchez con Londres y Bruselas acerca de la intervención de España en toda negociación que afecte a Gibraltar (El zasca de Goyo Jiménez al faltón tuit de una periodista inglesa sobre Gibraltar).

Tras una conversación con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, Pedro Sánchez levantó el veto del Gobierno español a la cumbre europea que aprobará el Tratado de Retirada del Reino Unido (‘España, un país de cobardes’ es como nos describe un libro sobre el Brexit para escolares británicos).

Los compromisos adquiridos por el Gobierno británico y por la Unión Europea sobre el alcance territorial del tratado aparecerán en un documento separado del tratado del Brexit (Sánchez, metepatas por partida doble: blanquea al castrismo mientras se deja meter un gol con Gibraltar).

Hay muchas posibilidades de que se trate de un acuerdo coyuntural, hecho a la medida de las urgencias que tanto Londres como Bruselas tenían ante la cita con los Veintisiete. Jurídicamente, lo que vincula a las instituciones europeas y particularmente a su Tribunal de Justicia es lo que aparezca en este acuerdo de divorcio, porque esa es la norma jurídica reguladora del Brexit.

Lo que se diga en documentos aparte puede ser entendido como meras manifestaciones de voluntad interpretativa, pero de muy dudoso efecto vinculante cuando se produzca algún conflicto en la aplicación del Tratado, el cual mantiene su artículo 184 -causante de la preocupación española- con la misma redacción que el Ejecutivo de Pedro Sánchez rechazaba hasta el pasado viernes.

Hasta que los hechos confirmen el entusiasmo de La Moncloa, sólo cabe confiar en que Pedro Sánchez esté en lo cierto y que España ha salvado dignamente su posición en un proceso crítico para el proyecto europeísta en su conjunto.

En una carta firmada por Donald Tusk y Jean Claude Juncker, ambos aseguran que Gibraltar queda fuera del ámbito territorial de los acuerdos que firmen Bruselas y Londres, pero conociendo la actitud británica en esta cuestión -que no respeta los términos del Tratado de Utrecht, ni las resoluciones de Naciones Unidas-, cabe temer que, una vez fuera de la Unión Europea, y a su gusto, esa misiva se convierta en papel mojado.

Frente a la letra del Tratado, por un lado, y la arrogancia británica sobre el Peñón, por otro, la carta de Tusk y Juncker se trata sólo de eso, de una carta. Es evidente que Bruselas no quería tensar más la cuerda negociadora con la primera ministra británica, Theresa May, no sólo para evitar una ruptura del diálogo, sino también para no perjudicar aún más la situación de la líder conservadora en el seno de su partido y ante la opinión pública del Reino Unido.

Quizá con más presión por parte del Gobierno español se habría logrado cambiar el texto del artículo 184 del Tratado de Retirada. En todo caso, Sánchez debe aprender la lección sobre cómo hay que jugar en la liga europea, porque su satisfacción no se corresponde con un acuerdo que supone un precario remiendo incapaz de tapar las carencias diplomáticas de España, expuestas durante estas semanas de negociación final del Brexit.

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