ANÁLISIS

Al Gobierno Sánchez se le aparece el fantasma del Generalísimo Franco

El Ejecutivo socialista ofrece 'regalar' el panteón de El Pardo a los Franco para que no lleven la momia a La Almudena

Al Gobierno Sánchez se le aparece el fantasma del Generalísimo Franco
Rufian, Sánchez, Iglesias y otros nostálgicos de Franco. EP

Haría bien el Ejecutivo de Pedro Sánchez en atender el mensaje de los magistrados del Tribunal Supremo, que este 17 de diciembre de 2018 consideraron que no era el momento procesal oportuno para paralizar cautelarmente las actuaciones gubernamentales en relación con la exhumación de los restos mortales de Francisco Franco, por cuanto lleva la advertencia explícita de que a los familiares del difunto les asiste el derecho a la tutela judicial efectiva (El Gobierno Sánchez no podrá exhumar a Franco sin escuchar a la familia y que se decidan sus recursos).

No de otra forma puede entenderse la inclusión en el auto de una referencia jurisprudencial a una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que condenó a Polonia por realizar dos exhumaciones sin escuchar a las familias, que se oponían a trasladar los restos mortales de dos personas que fallecieron en 2010 el accidente del avión en el que viajaba el presidente Lech Kaczynksi (El mamarracho que pintó la tumba de Franco, acusado de daños y desorden público).

Es decir, que el Consejo de Ministros puede seguir adelante con su práctica de la necrofilia política, pero la última palabra se la reserva la Justicia, como no podía ser de otra forma en un Estado democrático que respete los derechos individuales, el ordenamiento jurídico y los tratados internacionales.

Así, pues, los nietos de Franco podrán no sólo recurrir una futura orden de exhumación, sino reiterar la adopción de las medidas cautelares que consideren necesarias. Una vez más, nos hallamos ante las consecuencias de una decisión del actual Gobierno socialista tomada a la ligera, anunciada a bombo y platillo, y sin más objeto que el desgaste de la oposición de centroderecha a la que, absurdamente, se pretende identificar con el régimen de Franco.

Esta actuación, que hay que inscribir en el oportunismo partidista, no sólo era innecesaria, puesto que nada en el devenir cotidiano de la vida pública española indicaba la conveniencia de abordar medidas de revisionismo histórico -como las que se tomaron en los estados del Alabama o Misisipi para contener el resurgimiento de grupos extremistas de carácter racista-, sino que en la España del siglo XXI, el único reflejo que puede percibirse de lo que significó el franquismo, la antipolítica y el desprecio a la representación parlamentaria, parecen haber anidado más en la extrema izquierda populista que en su opuesto ideológico.

En realidad, el dictamen preliminar del Tribunal Supremo no hace más que poner de manifiesto lo que era de sobra sabido: las dificultades de índole legal que planteaba la exhumación del cadáver de Franco, y que ya fueron analizadas por la comisión ad hoc que estudió el caso durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin duda, es posible que el actual Ejecutivo fuerce una legislación de caso único, de dudosa legalidad, para salirse con la suya, pero corre el riesgo de acabar en una serie de pleitos interminables y, también, de abrir un enfrentamiento con el Vaticano, que ya ha dejado muy claro que no puede, sin saltarse la Ley, impedir a la familia del anterior jefe del Estado que elija el lugar de la nueva inhumación.

Llegados a este punto, y dada la obcecación del Gabinete, la mejor solución sería negociar con los nietos del dictador una fórmula de compromiso que pudiera ser aceptada por ambas partes, comenzando por reconocer los derechos que asisten a los familiares de los difuntos a disponer con dignidad de sus restos.

También, pero parece más difícil admitir que la historia de un país hay que asumirla con sus luces y sus sombras, y que lo que esperan los ciudadanos de sus gobernantes es que se ocupen de los problemas actuales y de los que se apunten en el horizonte, en lugar de manosear momias antiguas.

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