ANALISIS

Pedro Sánchez, la impostura, la caradura y el ‘Manual del Falso Centrista’

Pedro Sánchez, la impostura, la caradura y el 'Manual del Falso Centrista'
El socialista Pedro Sánchez y sus aliados independentistas y proetarras. EP

Tan impostor como caradura (La primera decisión del ‘okupa’ Pedro Sánchez como presidente: cambiar el colchón de Rajoy y pintar el dormitorio).

De repente, el ‘okupa’ Pedro Sánchez se ha revelado como un centrista de los de toda la vida (La patochada del ‘Doctor Viscolástico Sánchez’: roto el colchón del separatismo ahora busca refugio en el de España).

Pero ya no es creíble, ni siquiera como coartada para tranquilizar a esa creciente parte de su partido escandalizada por su tibieza y capacidad de cesión con el separatismo.

El socialista Sánchez ha dicho ahora que no descarta pactar su investidura ni con los partidos independentistas, ni con Podemos, ni con Ciudadanos, ni con el PP, lo que es tanto como reafirmar su obsesión por repetir a toda costa como presidente del Gobierno.

El problema es que Sánchez ya no es virgen en política y que su aparente giro al centro no es real. La moderación no forma parte de su vocabulario, y todo es una burda estrategia para simular que la socialdemocracia tiene un valor multiplicador y no excluyente.

Pero sus hechos han demostrado lo contrario porque sus socios de moción de censura ni son constitucionalistas, ni respetan los elementos básicos de una democracia, ni representan a una mayoría de ciudadanos.

Pese a su impostura preelectoral, Sánchez concurrirá a las urnas con el estigma de haber cedido al separatismo con tal de garantizarse nueve meses en La Moncloa, y revertir esa realidad no va a serle sencillo, ni debe salirle gratis. Sánchez ha hecho de la mentira, la rectificación, la opacidad y la supervivencia personal el eje de su acción de gobierno.

Ni tiene un proyecto moderado ni tiene un plan respetuoso con la Constitución, tal y como se han encargado de avisarle ya muchos miembros de su propio partido. Cosas distintas son su obsesión por la resistencia extrema, sus oídos sordos a los críticos del PSOE, y su victimismo tras el veto al que le ha sometido Ciudadanos por no ser un presidente fiable.

El PSOE podrá declararse eufórico con las encuestas que pronostican que Sánchez será el virtual ganador de los comicios. Podrá fingir ahora que fuera de la Constitución no cabe dialogar con quienes quieren romper España. Podrá presumir de que Ciudadanos le va a hacer media campaña, mientras la otra media se la completa Podemos con su fractura interna.

Sin embargo, la España que respeta la Constitución, sea progresista o conservadora, le ha calado y debería ponerse en guardia. Sánchez tiene un plan radical de fractura para España y su concepto de la socialdemocracia, más próximo al derecho a decidir que a proteger el título preliminar de la Constitución, es sectario y excluyente.

Su eterna oferta de «diálogo» es el colmo de un buenismo teatral que solo pretende satisfacer a los escaños separatistas, mientras dedica la precampaña a imponer por decreto lo que no ha conseguido en el Parlamento.

Por ejemplo, tratar de derogar por la vía de los hechos consumados la reforma laboral es otro síntoma de su abusiva concepción del poder. Si no repite como presidente del Gobierno será una buena noticia para España.

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