ELECCIONES GENERALES A LA VISTA

España: El centro-derecha baja y el pacto ‘Frankenstein’ de Sánchez con independentistas y proetarras hace mayoría

España: El centro-derecha baja y el pacto 'Frankenstein' de Sánchez con independentistas y proetarras hace mayoría
El socialista Pedro Sánchez y sus aliados independentistas y proetarras. EP

Para echarse las manos a la cabeza, aunque hay todavía tiempo (La socialista Soraya Rodríguez pide la baja en el PSOE por la claudicación de Sánchez ante el independentismo).

A siete semanas de las elecciones generales ya tenemos algo claro: la izquierda vuelve a concentrar su voto entorno al PSOE lo que le permitirá optimizar escaños y el ‘okupa’ Pedro Sánchez tiene muchas opciones de reeditar el gobierno de la moción de censura (Al caradura Pedro Sánchez no le queda otra que abrazarse a los proetarras de Bildu y a los golpistas catalanes).

Las elecciones generales no son como las andaluzas por tres razones: en Andalucía no votaron vascos y catalanes, que ahora eligen 66 de los 350 escaños del Congreso. Entonces se elegían catorce escaños de media, mientras que ahora se eligen menos de siete por provincia con la consiguiente penalizacion de los partidos menos votados (‘Informe Semanal’ blanquea los apoyos de los proetarras y los golpistas a Pedro Sánchez con un infame reportaje).

El sondeo que este 11 de marzo de 2019 publica el diario ABC demuestra con nitidez que la fractura del centro-derecha en tres partidos le penalizaría electoralmente si hoy se celebrasen las elecciones (Alfonso Ussía explota con la «sinvergonzonería» de la mujer de Pedro Sánchez y saca a la luz todas sus mamandurrias).

De hecho, la tendencia respecto a los comicios de 2016 se ha invertido por completo, de modo que el PSOE pasaría de sus 85 escaños actuales a 134, y el PP, de 137 a 87.

El PSOE es el que experimenta una notable tendencia al alza respecto al último barómetro de GAD3, sumando doce escaños más a los 112 que obtuvo semanas atrás, mientras el PP baja de 97 a 87.

El batacazo más estrepitoso será el de Podemos, que bajaría de 71 a 30, aunque experimenta una imperceptible mejoría respecto al último sondeo, que le atribuía 29 escaños. Ciudadanos lograría 38, víctima de un desinflamiento notable respecto al anterior sondeo, que le concedía 53 escaños, y Vox irrumpiría en el Congreso con 36.

El mapa resultaría demoledor para España ya que Pedro Sánchez se beneficiaría de la metástasis que aqueja a Podemos, y dada la clara insuficiencia del centro-derecha para sumar mayoría absoluta en una investidura, el PSOE tendría vía libre para recibir los apoyos de separatistas, nacionalistas y filoterroristas para repetir como presidente del Gobierno.

Así, las cosas, el «efecto Andalucía» se esfuma para la derecha porque objetivamente no es lo mismo repartirse un mínimo de 12 escaños por provincia en unas autonómicas que hacerlo en unas generales con circunscripciones de cinco o menos escaños.

Si no cambia radicalmente el escenario preelectoral, la proporcionalidad de la ley D’Hondt castigará la dispersión del voto de la derecha sin remisión posible. Por eso es razonable que Pablo Casado apele continuamente a recuperar ese voto virtual que se fuga a Vox, ya que en muchas provincias este partido no obtendrá representación y sus papeletas se convertirán en inútiles para el PP o para Ciudadanos.

Aun así falta un mes y medio para los comicios, un plazo muy amplio para que se produzcan cambios en el numeroso electorado aún indeciso o proclive a cambiar su elección en los últimos días de campaña.

Es cierto que en la derecha ha empezado a tomarse conciencia de que repartir el voto sería nocivo para ellos y muy beneficioso para Sánchez. Pero también lo es que la fuerza del voto emocional a favor de Vox no cede para que el PP pueda verse premiado.

A su vez, las opciones de Sánchez quedarían reducidas a pactar con el separatismo porque ni Podemos por sí solo, ni Ciudadanos, estarían en disposición de poder respaldar suficientemente a Sánchez.

El riesgo de que la nueva legislatura arranque bajo el signo del bloqueo y de los vetos mutuos es todavía muy serio. Pero la conclusión hoy es simple: el voto segmentado de la derecha penalizará a Casado, Rivera y Abascal.

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