guardias civiles, policías, militares, profesores, llevan meses sin recibir una segunda dosis, estando en el limbo de la vacunación

El confusionismo en las vacunas

Chapuza sanitaria o empanada de confusionismo amasada por el propio Gobierno, un caos producido en plena campaña de vacunación

El confusionismo en las vacunas

Desde hace mes y medio se está creando una confusión con la inoculación de la segunda dosis de la vacuna de AstraZeneca, que está provocando una incertidumbre e inseguridad, vamos, una auténtica alarma social entre millones de vacunados. Si ya no fuera suficiente la desconfianza creada entre los ciudadanos por unas vacunas que no dejan de ser experimentales y cuya eficacia está siendo constantemente cuestionada por parte del mundo científico, dado que las personas vacunadas pueden no sólo contraer la enfermedad y contagiarla, sino también sufrir cuadros clínicos que les conduzcan a la hospitalización, algunos con resultado incluso de muerte. Ahora nos encontramos con un auténtico revuelo creado por el propio Ministerio de Sanidad que imponía como segunda dosis la de Pfizer a los inicialmente vacunados con AstraZeneca, miembros de colectivos esenciales menores de 60 años (policías, guardias civiles, militares, profesores…), que llevan meses sin recibir una segunda dosis, estando en el limbo de la vacunación. Pero, ante la fuerte discrepancia en el seno del Consejo Interterritorial de Salud de muchas CCAA como Madrid, Andalucía o Galicia, después evaluó la posibilidad de que la segunda dosis fuera de la misma farmacéutica anglosueca, AstraZeneca.

Mientras el mundo científico de forma abrumadoramente mayoritaria -Organización  Mundial de la Salud, la Agencia Europea del Medicamento y 17 sociedades científicas españolas- avaló completar el tratamiento con la misma vacuna, sin cambiarla en la segunda dosis, el Gobierno, ignorando estas recomendaciones, insistió en su propia verdad, encomendando un estudio al Instituto Carlos III (CombiVacs) que, con una muestra insignificante de 600 personas, concluyó que administrar una segunda dosis de Pfizer a las personas ya vacunadas con AstraZeneca es seguro y eficaz. Dicho estudio fue ampliamente criticado por la comunidad científica, entre otras, -Sociedad Española de Salud y Administración Sanitaria (SESPAS) y Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES)- que destacaron sus incongruencias e incumplimientos: “omitir detalles con peso científico; ser éticamente cuestionable; carecer de argumentos científicos la no administración con AstraZeneca; número de sujetos escaso; ensayo clínico en fase 2; datos precipitados de sólo 14 días; no puede crear evidencia científica; incumple un principio básico de la investigación clínica de ajuste de equidad entre grupos de tratamiento y también otro principio de la declaración de Helsinki, al exponer a las cargas de la experimentación humana a un grupo de voluntarios cuando el resultado es previsible”.

Pues bien, contra viento y marea, la ministra Darias encomendó otro informe urgente al Comité de Bioética de España, organismo de carácter consultivo, no vinculante, para tratar de imponer la segunda dosis de Pfizer a los menores de 60 años vacunados con una primera dosis de AstraZeneca, aunque ya admitiendo la posibilidad de que el vacunado pudiera elegir AstraZeneca, siempre que firmara un consentimiento informado. El Comité de Bioética acaba de avalar la segunda dosis con Astrazeneca para los menores de 60 años, que rechacen vacunarse con dos vacunas diferentes (Astrazeneca+Pfizer), pero firmando repito un consentimiento informado específico con el firme rechazo de recibir la segunda dosis con Pfizer, además de reconocer que disponen de información suficiente sobre el riesgo de sufrir trombos con el fármaco de Astrazeneca, tal como exigía el Ministerio de Sanidad. Sin embargo, el vacunado que opte por Pfizer, como segunda dosis, no tendrá que firmar ningún tipo de consentimiento. Lo cual resulta más que sorprendente, delirante, a la vez que contradictorio.

Ante toda esta empanada de confusionismo amasada por el propio Gobierno, otra chapuza sanitaria, un caos producido en plena campaña de vacunación, cabe hacerse al menos las siguientes preguntas: ¿Por qué se modifican las reglas que orientan la investigación biomédica, como el consentimiento informado, a mitad de la campaña de vacunación? ¿Por qué no se exigió desde el principio el consentimiento informado para inocular cualquier  vacuna? ¿Por qué no se han seguido las recomendaciones de la OMS, la Agencia Europea del Medicamento y de la mayoría de la comunidad científica, que insistieron en que no se combinaran  vacunas? ¿Por qué el Ministerio de Sanidad dice que es más seguro poner la segunda dosis de Pfizer, cuando casi dos millones de personas ya se vacunaron con AstraZeneca? ¿Por qué se autorizó la vacuna de AstraZeneca, si podía conllevar graves riesgos para la salud? ¿Por qué se da validez a un estudio preliminar llevado a cabo por el Instituto Carlos III, que ha sido mayoritariamente criticado por la comunidad científica? ¿Por qué se exige el consentimiento informado a los menores de 60 años para suministrarle la segunda dosis de AstraZeneca y no la de Pfizer, hecho calificado de “esperpento” por las sociedades médicas? ¿Por qué se ha negado hasta hace poco que los vacunados pueden contraer la enfermedad e incluso contagiarla, como ya está sucediendo? ¿Por qué en China, con vacunas propias, habiendo vacunado a menos del 10% de la población, ya han superado la pandemia? ¿Por qué?

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído